Dibujo coloreado por Rubén Fernándes. |
Y llega al aula, entre el alborozo de la concurrencia, a veces de modo inesperado.
Desplegando sus alas. Como cigüeña galana en cortejo. Exhibiendo las bellezas de su plumaje hermosamente entretejido de los artesanales trabajos de nuestro alumnado.
Es el libro viajero. Una imaginativa actividad cooperativa que cada año oferta la Delegación de Enseñanza para que los profesores de religión trabajemos con nuestros alumnos durante las clases. Hay un proyecto para cada etapa y este año primaria ha alcanzado su edición XI mientras que en secundaria andamos por la número IX. En nuestro caso ha tocado trabajar los Personajes del Antiguo Testamento.Y mis alumnos se han ocupado de investigar, reflexionar e ilustrar sobre la figura de Job.
Todo un carácter el de este buen hombre. Sufridor hasta lo indecible. Sus peripecias, ascensos y caídas tienen una interesante aplicación práctica para la actualidad. Comparábamos en clase al bueno de Job con ese gran Nadal que acaba de regalarnos el triunfo español en Francia. Tras haber remontado lesiones y sufrimientos. Confiando activamente y superando lo que parecía insuperable. Aplicando todo su tesón y una gran dosis de esfuerzo y esperanza en que todo es posible. Aguantando entrenamientos y partidos entre dolores y sufrimiento.
A Job la fe le llevó a un total abandono en un Dios por el que, pese a todo, se sentía amado.
Y la paciencia que le permitió soportar todas las calamidades que recayeron sobre su hacienda, familia e incluso sobre si mismo, tristemente aquejado de una terrible sarna maligna que le producía terribles picores que le mantenían en constante desasosiego.
La misma paciencia y empeño que nos ha ayudado a acometer todas las tareas docentes que nos han traído a este final de curso. Un nuevo año académico en el que más de uno, inevitablemente, se ha acordado, mirando encarecidamente al cielo, del santo Job.
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