sábado, 16 de abril de 2022

SALMO 22. Biblia.









ORACIÓN DEL JUSTO PERSEGUIDO 

1 Del maestro de coro. Según la melodía de "La cierva de la aurora". Salmo de David. 

Angustioso llamado al Señor 

2 Dios mío, Dios mío, 
¿por qué me has abandonado? 
¿Por qué estás lejos 
de mi clamor y mis gemidos? 

3 Te invoco de día, y no respondes, 
de noche, y no encuentro descanso; 
4 y sin embargo, tú eres el Santo, 
que reinas entre las alabanzas de Israel. 

5 En ti confiaron nuestros padres: 
confiaron, y tú los libraste; 
6 clamaron a ti y fueron salvados, 
confiaron en ti y no quedaron defraudados. 

Vívida descripción de los sufrimientos 

7 Pero yo soy un gusano, no un hombre; 
la gente me escarnece 
y el pueblo me desprecia; 
8 los que me ven, se burlan de mí, 
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: 
9 "Confió en el Señor, que él lo libre; 
que lo salve, si lo quiere tanto". 

10 Tú, Señor, me sacaste del seno materno, 
me confiaste al regazo de mi madre; 
11 a ti fui entregado desde mi nacimiento, 
desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios. 

12 No te quedes lejos, porque acecha el peligro 
y no hay nadie para socorrerme. 

13 Me rodea una manada de novillos, 
me acorralan toros de Basán; 
14 abren sus fauces contra mí 
como leones rapaces y rugientes. 

15 Soy como agua que se derrama 
y todos mis huesos están dislocados; 
mi corazón se ha vuelto como cera 
y se derrite en mi interior; 
16 mi garganta está seca como una teja 
y la lengua se me pega al paladar. 

17 Me rodea una jauría de perros, 
me asalta una banda de malhechores; 
taladran mis manos y mis pies 
16c y me hunden en el polvo de la muerte. 

18 Yo puedo contar todos mis huesos; 
ellos me miran con aire de triunfo, 
19 se reparten entre sí mi ropa 
y sortean mi túnica. 

Súplica para alcanzar la liberación 

20 Pero tú, Señor, no te quedes lejos; 
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. 

21 Libra mi cuello de la espada 
y mi vida de las garras del perro. 

22 Sálvame de la boca del león, 
salva a este pobre de los toros salvajes. 

Acción de gracias por la liberación 

23 Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, 
te alabaré en medio de la asamblea: 
24 "Alábenlo, los que temen al Señor; 
glorifíquenlo, descendientes de Jacob; 
témanlo, descendientes de Israel. 

25 Porque él no ha mirado con desdén 
ni ha despreciado la miseria del pobre: 
no le ocultó su rostro 
y lo escuchó cuando pidió auxilio". 

26 Por eso te alabaré en la gran asamblea 
y cumpliré mis votos delante de los fieles: 
27 los pobres comerán hasta saciarse 
y los que buscan al Señor lo alabarán. 
¡Que sus corazones vivan para siempre! 

Alabanza final 

28 Todos los confines de la tierra 
se acordarán y volverán al Señor; 
todas las familias de los pueblos 
se postrarán en su presencia. 

29 Porque sólo el Señor es rey 
y él gobierna a las naciones. 

30 Todos los que duermen en el sepulcro 
se postrarán en su presencia; 
todos los que bajaron a la tierra 
doblarán la rodilla ante él, 
y los que no tienen vida 
31 glorificarán su poder. 
Hablarán del Señor a la generación futura, 
32 anunciarán su justicia 
a los que nacerán después, 
porque esta es la obra del Señor. 


viernes, 15 de abril de 2022

VIERNES SANTO



 



No puedo cantar, no quiero, 

loar al Jesús clavado

por la angustia y el pecado,

el rostro desfigurado

que la culpa entregó a la muerte.

Prefiero  en silencio quererte.

Léntamente   te deslizas 

entre amigos arropado

donándote en pan divino

sangre convertida en vino.

Tus amigos quieren verte, 

no saben que van a perderte.

Pedro porfía obstinado 

por ti no será lavado

pero ante tú reconvención 

te entrega su corazón.

Señor, quiero saber amarte,

poder sin miedo tocarte.

Temo a ese Judas airado,

taimado, confabulado,

fácilmente reclutado 

por el oro embelesado.

Protagonizó la traición

que mereció tal redención.

En soledad quiero llorarte 

mi arrepentimiento darte.

Ya vienen las turbas mundanas 

los soldados con sus catanas 

que vienen la vida a llevarte

Señor, quieren callarte.

Arrasar al amor divino

al que es verdad, vida y camino.

Mi pan, mi alimento, mi vino.

El que rige mi destino.

Al que quiero cantar. 

Dios vivo, verdadero.

El amor de los amores.

El lirio más floreado.

Príncipe de dolores.

Enséñame a amar

muriendo. 

Cristo humano

Cristo hermano.







miércoles, 13 de abril de 2022

A mi madre. Patricia Esteban Erlés

 Esta reflexión no es mía, sino de Patricia Esteban Arlés.

Pero me ha emocionado tanto que no puedo por menos de compartirla. 

Pensando en que la madre de Patricia podría ser perfectamente mi madre, que gracias a Dios aún vive. He estado tomando café con ella…


“No volveré a tener madre.

Eso pensé, muy trágica, un 9 de abril.

Sentí que era un vestido cayendo de una percha. Quedé colgando como un teléfono ahorcado en la cabina. Fui durante un tiempo un eslabón que ya no formaba parte de la cadena que le daba sentido.

Con el paso de los años he ido sabiendo que las madres son capaces de no irse del todo. La mía reaparece de vez en cuando. Un pañuelo lila, sus gafas, surgen en el altillo de mi armario, en un cajón.

Y a veces regresa una frase perdida durante décadas desde ese baúl de la memoria.

La he visto en ocasiones caminar por la calle, doblar la esquina con su andar inconfundible.

Las madres saben hacer de todo, incluso volver de entre los muertos sin que te dé miedo escuchar su voz. Mi madre, que multiplicaba panes y peces, retorna en forma de geranio rojo o de gato naranja. Sonrío al comprender que me compro algunos vestidos solo porque a ella le hubieran gustado.

Ovalitos, flores.

Mi madre cuando no le gustaba lo que te habías puesto torcía el gesto y decía, "dónde vas,hija mía, si estás hecha un fantoche".

Mi madre hacía que el llanto de un berrinche desapareciera , instantáneamente soltando su antológico "Ay, niña, si lloras el ombligo tienes atao". Que acababa todas sus memorables historias con aquel "En resumidas cuentas...".

Mi madre fue al colegio hasta los nueve años. Luego se convirtió en una cenicienta que iba al campo y cuidaba de sus hermanos.

Mi madre decía que sí con la cabeza cuando veía la novela en la tele y pensaba lo mismo que la atribulada protagonista contaba sollozando.

Mi madre me compró el primer vestido verde de mi vida en una tienda de San José. Estaba en la vitrina, esperándome y de pronto era mío. Nunca he tenido uno tan bonito, tan especial como aquel. Si me hubieran permitido pedir un deseo, hubiera suplicado que aquel vestido no se me quedara nunca pequeño, que creciera conmigo.

Me regaló un pijama de rayitas el último cumpleaños antes de irse, con la noche, sin más dramas que el enigma de la muerte que nos dejó a todos y que yo he ido comprendiendo poco a poco.

Mi madre sigue siendo mi madre allá donde quiera que esté. Escribo sobre ella para volver a reírme con ella y sus ocurrencias, como entonces, en la cocina de baldosas blancas.

Para recordar siempre que la alegría es un arma letal, indestructible.

Leo porque ella me compró todos los libros que pudo.

No la entendí muchas veces. Ella a mí tampoco. Estamos en paz.

Le debo la palabra y no podré pagarle nunca los intereses generados por ese tesoro.


A las madres no sé si las merecemos pero qué suerte fue tenerlas.”

Patricia Esteban Erlés.



 



(Memorial victoriano de una madre que murió dando a luz)


ROMANCERO GITANO