viernes, 26 de junio de 2020

RECORDANDO A ANTONIO TROBAJO


SHANDY Y LUCAS



SAN PELAYO

Martirio de San Pelayo. Óleo sobre lienzo. Becerril de Campos. 1520

Entre San Juan y San Pedro San Pelayo  está en el medio. Tal suerte le ha tocado ocupar a este niño de nombre peleón que murió mártir tal día como hoy  un 26 de junio del año 925 en Córdoba a manos del propio Abderraman III , según dejó escrito el historiador leonés  y Diputado a Cortes, Modesto Lafuente en su Historia General de España. Educado en Tuy por su tío obispo de la localidad En el año 920 acompañan Pelayo y su tío  obispo a  la corte del rey de León en apoyo del reino de Pamplona, que estaba siendo atacado por Abderramán  III.

Tras la derrota en una de las batallas  tío y sobrino fueron apresados. Después de tres años de cautiverio el obispo fue liberado, pero Pelayo quedó como rehén. Se dice que Abderramán  III le requirió para menesteres deshonestos prometiéndole riquezas y honores pero el mancebo  se negó, lo que desató las iras del califa. Enojado por  sus reiterados desdenes el emir ordenó su martirio, que  nos describe D Modesto y el santoral de manera  lúgubre y cruenta ya que refiéreme muerte  por desmembramiento mediante tenazas de hierro. Después fue despedazado y sus restos echados al Guadalquivir. Tal hecho conmovió profundamente a todo el orbe cristiano que se apresuró a disputarse las reliquias del adolescente según la costumbre de la época. Pero solo la ciudad de León, capital del Reino Cristiano por aquel entonces tuvo el honor de hacerse con el cuerpo del venerado mártir por insistencia del Rey Sancho que hizo levantar una iglesia dedicada a él.

Una vez muerto el monarca, su hermana y regente, Elvira de León, que residía  como monja en el monasterio de Palat del Rey y llevó a sus  religiosas a la nueva fundación, germen que  luego albergaría nuestro actual San Isidoro donde ya entonces había una comunidad de canónigos, lo que hizo que coexistieran las dos comunidades. Por aquella centuria era conocido el cenobio era conocido  como San Juan y San Pelayo.


Cuando en el 988 León fue atacada por Almanzor las monjas huyeron a Oviedo llevándose los restos del mártir consigo. Y allí residen desde entonces en el monasterio benedictino de San Pelayo . Es en la actualidad patrono del seminario menor de Tui además de ser protector de niños y modelo de castidad.En pueblos como Velilla de la Reina honran hoy también su memoria.


jueves, 25 de junio de 2020

CANCIONES PARA DESPUÉS DE UNA GUERRA



Después de haber acudido a la filmoteca de Castilla y León cuya sede se encuentra en la antigua casa de las viejas en Salamanca he podido visualizar por sugerencia de la encantadora guía ,cuyo nombre no me percaté en averiguar, el documental “Canciones para después de una Guerra” realizado por Basilio Martin Patiño.  Resulta que la sede se llama así porque era lugar de Caridad para mujeres viudas y desamparadas. Las acogían y alimentaban. Una especie de asilo para pobres.
Por suerte  el documental está libre en YouTube. Así que durante una hora y cuarenta minutos desfilaron ante mis ojos y resonaron en mis oídos las canciones que acompañaron mi infancia. Eran las que me enseñaron mis padres: las películas de Amparito Rivelles, la locura de amor de Aurora Bautista Juana la Loca, la Raza orgullosa de Alfredo Mayo, la gallardía legionaria de Manuel Luna, o acaso el fingido gracejo andaluz de los chafados habitantes de Villar Del Río que se quedados de rositas tras el tan baldío como estruendoso paso de las hordas americanas en “Bienvenido Mr. Marchall”. Esos almibarados anuncios de crecepelos, limpiabaldosines, y otros productos que hoy ni siquiera conocen. Los seriales radiofónicos de Radio Andorra, las cartillas de racionamiento y los niños esperando interminables colas para poder comer de la cacera escasa si es que les llegaba. Decía el director de la película, el célebre Basilio Martín Patiño que al terminar la película el mismo se había quedado sorprendido de la cantidad de niños tristes que había elegido y que ocupaban gran parte del metraje, en sus rostros tristes. Los rostros de una posguerra feroz que atacó a todos aunque claro, los vencedores la vivieron mucho mejor. Una España distinta más religiosa, quizá no del todo auténtica esa fe muchas veces interesada y un tanto deformada, una escuela ideologizada en aras a conseguir, quizá de un modo un tanto artificial una unidad que se juzgaba necesaria.
Y como telón de fondo las coplas de las grandes, “La bien pagá” de Imperio Argentina, “Tatuaje “ de la Piquer, o “la morena de mi copla” de Estrellita Castro.
Imágenes. Miles de imágenes de manos alzadas, de caras desoladas, de gestos triunfalistas, de expresiones esperanzadas o acaso fingidas, de fervor popular, de endiosamientos, lealtades, deslealtades, manipulaciones. Generaciones unidas por el desastre de una guerra fratricida.
Y yo pensaba en lo que me contaron y lo que nos dicen, y de lo que opinan. Y de que aquellos barros vienen estos lodos. Himnos fascistas, vencidos comunistas, líderes políticos divinizados, otros demonizados y el pueblo mirando quien puede darle de comer.
Es lo que importa. Que te resuelvan la vida. A veces se aparca la ideología cuando manda la cartera.
Siempre queda el consuelo de escuchar una hermosa canción que narcotice la conciencia.
No sea que nos de por pensar y a lo mejor la liemos. Pensando en los muertos de unos y de otros y empiecen los tiroteos, esta vez de cadaveres enfrentados que desenterramos de alguna que otrora fosa aún por encontrar.
Disfruté viéndola aunque me removiera un poco.
Te la recomiendo.

viernes, 19 de junio de 2020

PARA TODA UNA VIDA


Para toda una vida.
Por Marta Redondo.

Toda una vida ha transcurrido en tres meses donde tantos quedaron el camino. Se acerca el final de curso escolar, un año en que la clausura de las aulas se anticipó echando candados en  unos días de aguas turbulentas que sellaron el calendario de un marzo maldito.
Jornadas extrañas  en que los profesores hemos vivido añorando sus miradas cómplices, los murmullos incesantes, timbres horarios y hasta esos papelitos con mensajes secretos que desfilan clandestinos bajo las mesas esperando comunicar a toda la clase los últimos ecos de sociedad.
Han sido extrañas esas clases domésticas hechas de ecos propios y rostros ocultos  donde sus voces no se agolpaban en torrente para quitarse el turno de palabra unos a otros. Desbordan tanta vida que hay que ordenar ese incesante  caudal de energía. 
Sin duda les hemos echado de menos. 
Les preguntaba ayer qué les ha quedado de bueno en esta pandemia y la mayoría confesaban que echaban de menos las clases, las explicaciones de los profesores, las conversaciones de recreo pero que habían aprendido a valorar lo sencillo como un paseo o el valor de la familia. 
No han dejado de aprender, quizá durante estos meses han aprendido la gran lección de sus vidas. La que nunca hubieran imaginado y que les servirá para toda la vida.

lunes, 15 de junio de 2020

EL NIÑO YUNTERO


Doscientos millones de niños son forzados a trabajar o son usados como esclavos.
Y nosotros inconscientes hurgando tras nuestras pequeñas y ridículas tragedias de tela.
MIguel Hernández. El fue un niño esclavo. Un niño yuntero.
El niño yuntero
MIguel Hernández 

UN HOMBRE BUENO


Lo recuerdo bien de mi época de estudiante en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Froilán con sede en el Seminario. Era uno de esos profesores que transmiten paz y sosiego por la serenidad con la que van desgranando los conceptos procurando que los conocimientos fluyan e influyan. Y no eran precisamente sencillas aquellas nociones de Teoría del Conocimiento sobre el ser y no ser de Sócrates, la fenomenología de Husserl o el racionalismo de Descartes. Pero Jesús lo hacía todo natural  con esa voz pausada regada con una discreta sonrisa que afloraba esa sencillez bondadosa tan personal.
El lunes, a la hora del Ángelus  se hizo pública la noticia de su nombramiento como Obispo de Astorga y comenzaron a sucederse los parabienes. Es imposible no alegrarse por tan grata noticia.
En su mensaje de saludo a la Diocesis de Astorga han sido prioritarios en su atención los enfermos, pobres y ancianos amén de los sacerdotes. No podía ser de otra manera y concuerda con el servicio que Monseñor Jesús Fernandez, hasta la fecha Obispo auxiliar De Santiago de Compostela, viene prestando en la Conferencia Episcopal como,Presidente de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social.
Felicidades sean pues dadas a los maragatos, bercianos, valdeorrenses, sanabreses, carballenses, habitantes de los valles benaventanos, y alístanos.
Para allá os va un hombre bueno.

viernes, 5 de junio de 2020

PRO ORÁNTIBUS



            Sor Caridad. Le ruego rece por mí. Este año no se si podremos ir a verlas al convento. La empresa me ha comunicado una nueva prórroga del ERTE. Me temo que alguno tendrá que irse a la calle. Soy de los nuevos. Tiemblo pensando en septiembre. Vuelta al cole para 3, tendremos que pedir ayuda.
             Mi querida Cari, ya ves que no me acostumbro a lo de Sor, los enfermos entran a borbotones. Pueblan los pasillos, aquellos de la UCI que tú conociste. Clamamos por respiradores que no llegan. Estamos exhaustos. A menudo comenzamos el turno atemorizados por el miedo de carecer de EPIS. Un miedo que se intensifica cuando llego a casa y veo a mamá esperándome con los brazos abiertos. Ya sabes que este año celebramos sus 90.
             Sor Cari, veo a papá y mamá tristes. Yo pensaba que esto iba a ser como una fiesta. Recuerdo el primer día cuando pintamos aquel inmenso arcoíris que luego colgamos en la ventana con el mensaje quédate en casa.  Mamá compró pintura de dedos y lo pasamos como nunca coloreando las franjas de colores con papá en casa. Pero ahora apenas hablan siempre con el móvil. Un día mamá me dijo que a Dios las monjas les tiene un poco de enchufe porque se pasan el día  están rezando. Yo creo que por eso están siempre tan contentas. Dígale a Jesús que nos ayude. Seguro que le hace caso.

Son las 5 de la mañana.

             En el fondo del coro la benedictina Sor Caridad desgrana las cuentas de un rosario. Con cada Padre Nuestro y Ave María, con cada gloria exhala un ruego sentido cargando  con los dolores de su amiga y antigua colega la doctora Elena, los ruegos desesperanzados del transportista Braulio y la sencilla petición de la pequeña Ainara. Y piensa en tantas  y tantas historias que cada día se reciben en ese monasterio que hay en la Plaza del Grano. Cartas que sus remitentes escriben pro orantibus para ser invocadas al cielo.

jueves, 4 de junio de 2020

CONSUMICIÓN PAGADA



En una terraza, en la plaza Mayor de Madrid dos hombres conversan en una terraza. Se inicia una acalorada discusión. 

Diles que dejen de preguntar por mi ¡joder!
Los culpables fueron ellos. O al menos eso me parece a mí por mucho que mi mujer opine lo contrario.  Pervirtieron las órdenes. Pasearon  a mi lado exhalando aires de muerte. Los mismos que me contaminaron a mí y la mataron a ella. A golpe de caceroladas estériles. Envueltos en banderas cómplices. Tiroteando  al atardecer con sus voces acuosas y su aliento pestilente. Pidiendo la sangre de los que la tienen mezclada.
Yo paseaba inocente, aspirando un aire que añoraba aquellos días  cuando  el virus  secuestró nuestra  normalidad rutinaria con sus fauces mortales y sepultó nuestras sonrisas detrás de estas jodidas mascarillas verdes como la piel de las serpientes venenosas que envenenan casi solo con la mirada. Sus babas  volvieron a matar con verbos. Y a fusilar con sus gritos de alarma resucitando a los fantasmas de la guerra. Pero se olvidaron de una cosa. El aire, que también es asesino, tiene memoria.

¡Calla cobarde! los rojos siempre igual. Yendo de justos por la vida. La cultura es vuestra y el que no piense como vosotros es malo. Si soy de derechas ya soy malo, si me gusta la bandera soy peor y si defiendo lo mío soy un racista de mierda. Yo lucho por lo que es justo, Stalin. Y trabajo para levantar un país que pretenden derribar todos estos ideólogos de mierda que no han trabajado en su vida. Los muertos de la guerrra fueron de todos, no solo los vuestros. Pero ahí no voy a entrar porque me enveneno. No merece la pena tirar balas al a
ire, no vaya a ser que además de con la memoria se queden también con nuestra municiones. 
Ahí te dejo...pagada la consumición.

ROMANCERO GITANO