“Bajo las aguas
cielos íntimos se deslizan”
Jorge Guillén.
https://www.lanuevacronica.com/opinion/fascinacion_196814_102.html
Belleza. Quiero captarte en esos instantes para apropiarme de un poco de eternidad...
“Bajo las aguas
cielos íntimos se deslizan”
Jorge Guillén.
https://www.lanuevacronica.com/opinion/fascinacion_196814_102.html
La certera cercanía
de la mañana recóndita
que se asoma
a unos versos ingenuos.
Perece la violeta
axfisiada por falta de aliento
empeñada en quimeras desgastadas.
Entre risas huecas de orgullo insatisfecho.
Abril languidece
entre suspiros contenidos
y un inoportuno aroma de azahar
perfuma el instante sueño.
Noche perpetua
que roba tiempo
al amanecer inquieto.
Vos no sabés nada de mi…
ni por qué respiro,
ni por qué sueño,
ni por qué tiemblo,
cuando no hace frío
ni calor,
solo el rocío nocturno
de la ausencia perpetua.
No soy digna de ti.
ni de nadie.
Como el Bautista
con la correa del zapato del maestro.
Quemándole entre las manos.
Pequeña y mezquina,
gusano de manzana podrida
que emponzoña
y revienta corazones
tiernos.
Irrumpí e hice noche
que se enredó en su pelo.
Que se quede ahí
y que lo corten.
Cuando crezca
y tengan que suturar
una de las tres heridas,
que no es la de la vida
ni la de la muerte.
No soy digna de su Amor.
Ni de su perdón.
El viento entreteje sus dunas
entre las caderas del tiempo
el sol se apoya sobre sus pliegues
escondiéndose entre la arena muda.
Inspirada en esta obra de Ai Wei Wei hecha de cascos alemanes de la II Guerra Mundial y expuesta en el MUSAC de León.
Mírales, desarraigados,
expuestos a la intemperie
desolada del viento
violento que los empujó
por mares tibios.
A través de los vientos de guerra
de las nubes de gas
de un mina latente
que silba en Siria.
Tienen el color
parduzco del mestizaje
impuesto.
Reciben la palmada
de la ignominia y el rechazo,
de los proscritos que danzan y maldicen
y de los poderosos que insultan
con la mirada altiva del que se encuentra
encima, encima de su desdicha.
Apilados uno junto al otro
mimetizados frente a las hileras
de soldados sicarios.
Esos cascos verdes como
trigo obsceno que mancilla el suelo.
Como cucarachas que no se extinguen.
Yo quiero ser ese.
El casco boca arriba,
Casco cuenco
que es pozo
de resistencia frente al resto.
Que recoge el agua de las lágrimas
que otros vierten:
Las de los niños abortados,
las de las niñas ultrajadas,
las de la familia pisoteada,
las de los jóvenes torturados,
las de los refugiados ninguneados,
las de Yamen y Mohamad,
las de Yelizabeta y Denissa.
Y las mías por esa sensación
de inutilidad.
Ya no lloran
porque la vida empuja.
Como empujo estos pobres versos
que son hojas que revolotean
a ras del suelo.
Como el polvo de los caminos
que vosotros traéis revoloteando,
como enjambres mudos
que sobrevuelan esos vientos de guerra.
Dejad ese casco en el suelo.
Por favor, que nadie derrame el agua de lágrima
muda que se coló en su interior herido.
Este mes de noviembre ha comenzado siendo más mes de muertos que nunca.
Descansen En Paz.
¿DÓNDE ESTÁ, OH MUERTE, TU VICTORIA?
¿Dónde está tu victoria, muerte extraña?
¿Dónde está tu derrota, muerte amiga?
Nos llevas, te llevamos, en la entraña,
grano en tu surco, de tu surco espiga.
Juntos crecemos. Tú hacia el ocaso,
cumplida la misión que nos fecunda.
Nosotros hacia el día, por el «paso»
de tu garganta abierta. La profunda
soledad de tu abismo se ha llenado
con el grito del Dios crucificado,
con tu muerte en Su muerte redentora.
¡Victoria derrotada en Su agonía,
oh hermana temporal, vientre del Día,
umbral de los «levantes de la aurora»!
(Pedro Casaldáliga)
Carne trémula y fría,
carne yerta
que se enreda en la madrugada.
Sonaron dos besos desnudos
a las 10 de la mañana.
Dos besos vacíos y yermos.
Final del trayecto furtivo.
La nube de la indiferencia
quebró los sueños de
la niña de cristal.
Lágrimas de nieve
que nadie vela.
Mientras, los rizos rojos
de la carne muerta
devoran a dentelladas
la lozanía de un amor
que se muere.
Un niño gitano escribió su nombre,
un niño de negros ojos y labios grana,
ojalá le escribiera versos de porcelana
versos que fueran roce a la madrugada.
Un niño gitano escribió su nombre
en letras de plata y oro
mientras en derredor sonaba una brisa
desvencijada, rozando en vano la madrugada.
Sobre las tumbas de los muertos
cabalgan notas como cosacos
balalaicas de muerte
enturbian el aire.
Murieron con las notas puestas,
sonidos sepulcrales
aplastados bajo la bota del Kremlin.
Una mujer oriental
hija del latrocinio soviético
regodea su voz de plata
sobre los cadáveres ucranianos.
Sones de guerra.
El arbusto Kalinka
enraizado en la garganta traidora
Cuyos amargos frutos
bayas rotas,
el rojo asesino
de los espectadores que murieron
en el teatro de Mariupol.
De sobral sabes
que se necesitan tipos como tú,
elegantes y con gancho.
Con voz de terciopelo
y aires de dandy luso
que reinen en el escenario
con la caricia de los sones
de un Atlántico que susurra
jazz, boleros y fados a contrapelo,
el tic-tac de un corazón de otro
que seduce como si fuera propio
Nos hiciste tuyos.
Son las cosas de este León
que goza con que le quieran,
viniste de sobra-do
y nos salvaste de la desafección
de un otoño que se niega a arribar
a este puerto leonés
sin mar.
Por los estómagos de plomo.
Fauces hambrientas
de carnes ingratas, esperanzas vanas.
¿Por quién doblan las campanas?
Por los descamisados
de ojos diabólicos, iconos
del desapego, engendros de tarambanas.
¿Por quién doblan las campanas?
Desapego e indiferencia,
Ni siquiera la paciencia
devuelve las ganas
¿Por quién doblan las campanas?
Palmas a destiempo
anuncian desastre
siento en el pecho arcadas,
¿Por quién doblan las campanas?
Puñales de desconfianza
minan la moral temprana
prende, traidora, la desgana.
¿Por quién doblan las campanas?
Voces de agravio sonaron
A orillas del Bernesga.
Suena la jarana,
¿Por quién doblan las campanas?
¿O es por mí
por quien doblan
que se me derrama el alma
A dentelladas?
la muerte, humana
por ella toca la campana…
El cielo en su cuello
La miel en su mirada
El ritmo en su vuelo
Erguido y suculento
Se vacía en cada beso
Y se llena el eco
En piruetas de sollozos
Gime la noche
Bajo el peso suave
Regazo amatorio
Que besa en sueños
Bajo el manto único
De la soledad.
Una caricia y un sueño,
un deleite que se cuela
por el hueco de la escalera.
Una espera y la sospecha
de que tan solo sea guasa.
Palabras esperadas
que vuelan entre susurros
¡qué guapa estás!
yo lo espero,
sonrisas maliciosas aguardan
me repliego…es el tedio.
me rescatas…¡que lo digo en serio!
Este poema no es mío, sino de Luis García Montero.
Me ha conmovido hasta el alma.
Las palabras son barcos
y se pierden así, de boca en boca,
como de niebla en niebla.
Llevan su mercancía por las conversaciones
sin encontrar un puerto,
la noche que les pese igual que un ancla.
Deben acostumbrarse a envejecer
y vivir con paciencia de madera
usada por las olas,
irse descomponiendo, dañarse lentamente,
hasta que a la bodega rutinaria
llegue el mar y las hunda.
Porque la vida entra en las palabras
como el mar en un barco,
cubre de tiempo el nombre de las cosas
y lleva a la raíz de un adjetivo
el cielo de una fecha,
el balcón de una casa,
la luz de una ciudad reflejada en un río.
Por eso, niebla a niebla,
cuando el amor invade las palabras,
golpea sus paredes, marca en ellas
los signos de una historia personal
y deja en el pasado de los vocabularios
sensaciones de frío y de calor,
noches que son la noche,
mares que son el mar,
solitarios paseos con extensión de frase
y trenes detenidos y canciones.
Si el amor, como todo, es cuestión de palabras,
acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma.
Hoy me he llevado la grata sorpresa de que un alumno de 1º de Bachillerato del ÍES Campos Torozos ha leído una poesía de Violeta Stein sobre una mujer que quedó herida desde entonces.
Gracias, Camino.