viernes, 20 de julio de 2018

LAS PALABRAS CALLADAS.



Ahora que el mar de Poniente brama embravecido
e irrumpe la noche
hiriendo el silencio
no queda otra que pensar en las palabras calladas.
En los dedos sesgados por el miedo.
En las dulzuras reprimidas por el zarpazo impenitente
de la voz de guillotina.
Nunca dudé de ti
ímpetu pueril y delicioso.
Miel de melaza me diste
Puro espejismo residual
Versos recónditos.
Ateridos en el rincón de un sueño
que anhelaba caricias 
de mármol.
Sin sentido.
Como aquella lluvia densa
Que anegó el verano.
Mientras lloraba la luna
reprimida tras la niebla 
que cubrió las estrellas.
El ruido ensordecedor de las olas
me devuelve  el sinsentido
de un dolor que gime 
en lo profundo de un abismo 
que habla de lo que perdimos.
Borbotones de sangre bombeada 
a un cuerpo marchito.
Las palabras que gimen 
porque fueron calladas.


MARÍA, JOSÉ , DONGO Y LA ALEGRÍA DE VIVIR



Al fondo el espigón se asoma fisgón a un mar  que trae ecos moriscos. Diviso paisanajes diversos.
Enormes tortugas mecánicas de grandes ruedas amarillas reptan por la playa . Sus ocupantes se disponen a disfrutar de su baño matinal. Si no fuera por estos inventos los discapacitados y los ancianos tendrían que quedarse en la arena. Mirando cómo los demás disfrutan de la fiesta acuática mientras ellos solo pueden mirar el baile de las olas. La vida impulsa a apurar cada instante al máximo más allá de cualquier límite. La alegría de vivir que en este lado de la península se percibe con especial intensidad.
Los morenos exhiben  su mercancía multicolor compuesta por accesorios de imitación de grandes firmas, conjuntos deportivos de la selecciones futboleras de moda, peluches variados que los niños miran con ojos golosos.
Una mujer en silla de ruedas se detiene ante uno de los puestos.
Ofú, zi fue una caída de ná.
Contesta a uno de ellos. Un hombre de tez morena de un negro ébano que delata su origen senegalés. Acaba  de preguntarle a la Mujer de Torrenueva por el motivo de su lesión. Hay afabilidad  en sus palabras. Complicidad en los gestos.
Le coñmento a Maria extrañada que nunca había visto cercanía semejante entre culturas tan dispares. Los hombres venidos de África, a lo mejor  después de días en pateras aterrizaron  en las costas granadinas,  sin oficio ni beneficio. Esa relación de buena vecindad y cercanía entre inmigrantes  y s
Lugareños. Nunca lo vi  en el norte.
Y entonces caigo en la cuenta de que estas gentes de Torrenueva son gente de acogida, abierta al mar, acostumbrada a recibir oleadas extranjeras.
Tienes que conocer a Tongo, un tío excepcional, vive aquí todos los años. La gente le conoce, es uno más. Con esos dientes tan blancos que destacan en medio de un rostro tan negro. Mira que zapatillas le hemos comprado. Nos ha hecho una rebaja. Por cierto vamos pa casa. Le he prometido unos somieresy dentro de un rato irá a recogerlos. El pobre no debe vivir en buenas condiciones. Ya verás que contento se va a poner,
Así son mis amigos Jose y María. Frescura, sencillez, raudales de alegría mezclados de grandes dosis de bondad. Siempre pendientes de esa corte de sus cinco vástagos de distintas edades que requieren sus atenciones. Difícil Lídia la de pelear con adolescencia.
Y todavía les queda tiempo para ocuparse de Tongo, y de sus carencias, y de las necesidades de sus amigos que estos días estamos con ellos.
Pienso que es la generosidad de haber formado una familia numerosa acostumbrada a repartir y compartir la que les hace ser de este modo.
Un sol mediterráneo se cuela por el balcón anunciando la plenitud del verano mientras os cuento estas cosas. Estoy en tierra de acogida donde si asumieron aquella inquietud del maestro Fui extranjeros y me acogisteis. Prenda, que suerte andar por estas tierras ¡la Vin!.

sábado, 14 de julio de 2018

ESCRIBIR A PUNTO DE CRUZ



Siempre envidié a esas amigas que mostraban sus conquistas de pespuntes.
Pensaba que poder hacer esas cosas imprimía un marchamo de femineidad.
Soy heredera de la tradición, lo confieso.
Esos enormes cuadros de puntos de cruz que cuajaban las paredes de sus salones y que exhibían con orgullo cuando me enseñaban sus casas. 
O aquel enorme espejo en tonos azulados de cristal con aspiraciones de murano que me desafiaba vanidoso desde la pared  del cuarto de baño de Teresa.
O el glamour de los zapatos que Lola tapizó al gusto de la corte de Luis XIV. Seguro que su futuro nieto disfrutará con una abuela tan elegante y bien compuesta.
Y los trabajos de Lourdes: esas primorosas camisetas con niñas de principios de siglo que con caras de muñeca sonríen arropadas por el algodón, o las colchas de patchwork, el pececito llavero, el raroncito atrapadientes, y mil y una invenciones textiles.
Apesadumbrada siempre contemplé todas estas deliciosas fruslerías con el desdeño que camufla la falta de pericia.
En el fondo me culpaba por esa carencia de gusto por la artesanía  de agujas, esmaltes, marquetería o el mundo versátil de las manualidades.
Hasta que me dejé atrapar por la seducción de la palabra.
E inicié una ardorosa historia de amor atraída por el lenguaje que envuelve y arrebata.
Que deleita y embriaga.
El lenguaje que proporciona telas para vestir la rutina de los días. El lenguaje que puede ser amante ardiente que reclama posesiones matinales, vespertinas y nocturnas.
O subyuga sutilmente susurrando letras que ruegan pespuntes de belleza.
El lenguaje que quiere ficcionarse para abrirse paso en diccionarios inventados. Y que pide fidelidad y sumisión  para acomodarse a una rutina que necesita para poder triunfar sobre perezas y desidias.  Superar deseos que se quedan en mantillas. El oficio requiere entrega, entrega constante a la palabra.
Por eso yo también tengo un hobby. Ahora no soy huérfana de aficiones.
Pero no quiero que sea un mero pasatiempo.
Así que me entregó a tu seducción palabra, aunque para ello haya que comenzar escribiendo a punto de cruz. 
Encontraremos algún salón donde poder colgar esos pequeños tesoros...a punto de cruz.

viernes, 13 de julio de 2018

AGRANDA LA PUERTA PADRE




Fue mi vecina Juanita la que vino a avisarnos de que no había misa de 12 y media así que toda la familia emprendimos carretera y manta para encontrar lugar para misa de 1 donde cumplir el precepto dominical.
Y aquella señora que se metió en la conversación nos puso de mal humor.
Es que el cura acapara demasiado por eso no quiso dar misa ¿por que no deja algo?
Es curioso que siempre hablen los mismos, esos que no aparecen por la parroquia.
Aproximadamente 757  pueblos y menos de 300 sacerdotes en León ¡que más quisieran ellos que llegar a todo buena mujer! Pero era el día del Señor y no quisimos darle pábulo a la mala sangre así que nos dirigimos hacia tierras del Curueño y hete aquí que en la Vecilla se obró el milagro.
En un  templo concurrido comenzaba la misa de 1. Rebosante de vida un coro atestado de infantes y jóvenes de todos los tamaños, edades y colores recibía a tres jóvenes presbíteros comcelebrantes. Los asistentes eran en su mayoría feligreses de la Asociación Juvenil Corona y de la Parroquia de la Natividad ambas de Madrid.  Llevan varios veranos acampando por separado en estas tierras de la montaña leonesa. Pero este año decidieron ponerse de acuerdo al menos para celebrar la misa dominical. La iglesia bullía  de gozo procedente de cantos y algarabía juveniles. Y la música evocó  recuerdos de mocedad convocando lágrimas  nostalgicas  anhelantes de retornos a aquellos días. Y me quede entre ellos renunciando a la comodidad del banco de madera que me esperaba en las primeras filas.
A la salida vi algunos padres de la parroquia de la Natividad que vinieron al campamento con sus hijos. Un padre más o menos de mi edad me confesó también haber llorado durante la misa.

Yo estaba alejado. -Me confesó.Hace un año me confirmé  y ahora he vuelto a Cristo. Mientras me hablaba esgrimía una sonrisa fresca, luminosa, soñadora como la de aquellos niños que revoloteaban en la plaza alrededor de un caño del que manaba un chorro abundante de agua fresca.
Y quise ser partícipe de su historia y hacerla mia coloreándola de tonos pastel.
Y soñé con volver a mi estado original. Hacerme niña otra vez para recuperar los colores de la inocencia mientras acudían a mi memoria aquellos versos de D Miguel de Unamuno. Esos que me dice mi madre:

Agranda la puerta Padre
Para que pueda pasar
La hiciste para los niños.
Yo he crecido a mi pesar.
Si no agrandas la puerta
Achícame por piedad
Vuélveme a la edad aquella
En que vivir es soñar.

viernes, 6 de julio de 2018

EL GLOBO ROJO



Pascal es un niño que de camino a la escuela descubre a un globo rojo atado en lo alto de una farola. Raudo trepa a rescatarle. El pequeño juguete aerostático se convierte desde este momento en su compañero de camino. El globito tiene vida propia: juguetea con el niño, le impulsa a ser atrevido y a socializar ejerciendo cierta fascinación en el infante. Pero al mismo tiempo genera en los demás incomprensiones. Algunos incluso acosan y marginan al niño empeñándose en eliminar a su  inusual  compañero de juegos. Un profesor de su escuela le encierra en un cuarto porque el globo se cuela dentro por la ventana entorpeciendo el orden general de las cosas. Algunos compañeros de clase le marginan, otros le contemplan con lastima,  y unos pocos han encontrado su propio globo aunque sea de distinto color. 
Las escenas finales de este laureado medio metraje francés discurren por un callejón donde el pequeño  es acosado por una jauría de niños que le acorralan lapidando al globo que al final agoniza en el suelo y es rematado por el pisotón de uno de los perseguidores.
He descubierto esta pequeña obra de arte audiovisual en un curso sobre educación emocional al que he asistido  esta semana en la Escuela de Verano que la Junta de Castilla y León ofrece a los profesores. Ser docente es crear y recrear ideas para activar las mentes y corazones de nuestros alumnos. Despertar su capacidad para soñar respetando su propia creatividad. Pero para ello somos los propios profesores los que debemos preservar nuestra Fe en ellos alimentando nuestras propias ilusiones para educar desde la emoción. Aferrándonos a nuestro globo rojo.
No os conté lo que ocurrió con Pascal tras su sueño roto.
De pronto miles de globos comenzaron a lanzarse al cielo desde distintos puntos. El niño desolado por la desaparición de  su globo rojo alzó las manos  viendo como se poblaban de racimos de globos de colores. Comenzó a elevarse. E inició un hermoso viaje desde el que divisaba las calles de un Paris que comenzaba a despertar. 
Ojalá nunca nos despierten de nuestros sueños.

martes, 3 de julio de 2018

CUESTIÓN DE NÚMEROS


El lenguaje simbólico de los números en la Biblia siempre ha ejercido sobre nosotros fascinación.
Los semitas usaban las asociaciones numéricas con naturalidad para transmitir ideas,mensajes o claves. Entre los números más fascinantes destaca el siete. Dígito envuelto desde la Antigüedad en un cierto halo de misterio. Pitágoras alabó de él la perfección y Dante se apropió de él para numerar los mismísimos infiernos. Es considerado mágico por aunar el sagrado trinitario número tres junto al cuatro, número de las estaciones y elementos terráqueos. La suma de ambos arroja el  siete llamado número de la perfección.
Del siete dijo Hipócrates que poseía virtudes ocultas por ser dispensador de la vida ya que siete son las etapas que configuran la vida del ser humano. De ahí el número de los sacramentos: signos instituidos por Jesús para conferir la Gracia que la Iglesia administra con sabía prudencia. Nacemos a la vida sobrenatural por el Bautismo, damos fruto con la confirmación que acompaña nuestra adolescencia, nos nutrimos con el pan del cielo eucarístico, la reconciliación nos levanta de todas nuestras caídas, fundamos hogares fecundos recibiendo la bendición matrimonial, partimos con la esperanza de ser recibidos en la casa del Padre o recuperamos vigor con los santos óleos de la unción de enfermos. Pero algunos tienen el privilegio de ser elegidos para apacentar el rebaño de los hijos de Dios. Ellos reciben el sacramento del Orden Sacerdotal. El Señor mismo los designa. Y ellos recogen el testigo para pastorear el rebaño de Cristo. Ha sido este un año para recordarlos, rezar por ellos y por las vocaciones. Es necesario seguir rogando al dueño de la mies para que envíe sacerdotes santos que colmen y sacien a todo este gran número de almas sedientas de Dios. Por cierto, volviendo al número siete, dicen que es también número masculino que como saeta conduce al cielo que todos anhelamos.

ROMANCERO GITANO