Una se cree a veces que está sola cuando se sienta enfrente de este espacio sediento de novedades, ávida de comunicar lo que me invade, lo que me ilusiona, lo que hace que seguir delante valga la pena.
Después de una semana dura de sinsabores crueles en forma de forajidos escolares que extorsionan a sus semejantes (nunca he soportado a los abusones, me sacan lo peor) y de noticias de la prisión, donde también hay bullying, de sentimientos encontrados, hoy llegó la revolución de los claveles de bachillerato, que buscan fondos para el exilio temporal de finales de febrero. Y recibí catorce claveles rojos. Todos de mis compañeros y compañeras. A algunos también les había regalado. En un centro como el nuestro donde la dificultad es el día a día, sentir la cercanía de nuestros compañeros y compañeras es recibir un bálsamo de aire fresco que nos da fuerza para no perder la esperanza para no tirar la toalla. Hoy un alumno enfadado me dijo que era un demonio después de abandonar la clase dando un portazo.
No debo ser un demonio del todo malo cuando algunos hay me han demostrado su cariño.
En especial Gema, la compañera de inglés.
Gracias ❤️














