lunes, 12 de junio de 2023

LOVE

 



Ángela permanece en la esquina tejiendo sueños entre los vaivenes de las agujas de ganchillo. A sus pies unos patuquitos de bebé multicolores, carteritas de tamaños varios, redondas, con ribetes de festones, cuadraditas, como pequeños sobres abandonados que no contienen carta ninguna.

Y a los pies de la mercancía dispuesta, un corazón bordado con las letras “LOVE”.

Las manos de Ángela están cosidas de esparadrapo y protegidas con muñequeras.

.- ¿Cuánto vale esa cartera?

.- Un euro.

.- ¡Cuánto te llevó hacerla?

.- Dos horas.

.- ¿y crees que dos horas de tu vida solo cuestan un euro?

.- Es que la gente no me da más, les digo que cinco euros y les parece mucho.

.- Me duelen los brazos, debo tener tendinitis, (no es lamento) yo le he preguntado.

Permanece sentada tejiendo con dignidad. Muy cerca, la que fue sede del Banco de España. Ahora ya no es sede de nada, o si lo es de algo no lo recuerdo.

Me llevo la cartera. Le pagué lo que se merecía.

Luego por la tarde me entero de que es el día de la Caridad, Corpus Christi.

Casualidades de la vida.

Tendría que haberme llevado también aquel corazón en el que se leía “LOVE”

Era el día propicio para haberlo comprado.

 


sábado, 10 de junio de 2023

DESAYUNO CON AJUSTE.



 



Un ajuste de cuentas en el desayuno.

 

 

Con el paso de los años no hay temor a  desatar la lengua y lanzar lo que pugna por salir, aún a riesgo de que escandalice al interlocutor o interlocutora depositario del exabrupto o confidencia – el calificativo a gusto del consumidor- . En este caso prefiero tildarlo de simpática confidencia fruto de viejos rencores que subyacen en el interior de alguna mujer. Herencia de aquellos días en que el hombre manejaba la vida de su mujer con el antojo de un capitán que impone su voluntad al inferior jerárquico.

En otros tiempos la mujer se consideraba propiedad del varón, de suerte que todas las decisiones importantes debían pasar por el  mimbre masculino que ejercía de censor omnímodo. Ahora es impensable conducirse con tal premisa.

La justicia emanó aquel sábado de rituales.  La mujer de ancianos cabellos  que desayunaba, como cada sábado, atenta a la lectura del lenguaje del menosprecio. Menosprecio, curiosa palabra que nos coloca en una disyuntiva casi económica. Todos tenemos un precio, el que nos ponen, al que nos obligan, el que nos marca, el que nos determina. El que nos avergüenza.

Sobre la mesa los posos del café, el plato vacío en el que antes reinaban dos pequeños croissantes (la tapina).

Detrás se escucha un golpe seco.

Alguien se ha caído al suelo.

Ha sido un simple resbalón. No hay daños que lamentar. Solo el susto y algo de azoramiento del caído,  que se levanta muy pronto.

La dama suspira aliviada.

.- ¡Bah, es un hombre! Si fuera una mujer me habría dado pena, pero siendo un hombre no. 

 

Ante la extrañeza de su interlocutora se excusa, entornando los ojos con infantil picardía.

 

.- Es que van de “sobraos”, hija.

No deja de tener su gracia ese rebrote tardío de rebeldía adolescente en plena senectud.

 

¿Sutil venganza pueril para los de ultratumba? Hay recuerdos que marcan a fuego, como los que surgieron de aquel ancestral menosprecio masculino hacia el sexo debilitado, que no débil, y mucho menos vencido.

ROMANCERO GITANO