martes, 30 de julio de 2019

PRESENTACIÓN EN SHAMBALA


   El pasado domingo tuvo lugar una Presentación de libros . muy especial en un  lugar también  muy  apropiado  y propicio para el evento: el café bar Shambala. 
   Recuerdo la primera vez que descubrí este pequeño respiro cultural en Villalfeide. Uno de esos pueblos donde residen personas inquietas que aman sus lares y presumen de sus montañas. Tanto que son capaces de organizar arriesgadas aventuras deportivas invirtiendo grandes dosis de esfuerzo, sudor y creatividad.
   Y en este bar con enigmático nombre de ecos orientales y donde uno se siente en paz  se organizan eventos culturales gracias a la apuesta original de sus dueños, una joven pareja que ido más allá del mero café, copa y faria.
   Y allí se citaron el editor de Eolas ediciones, Hector Escobar, el veterano  viajero sabio oriundo de los Argüellos Ángel Fierro, que acaba de escribir Super  Flumina,  y el comprometido y brillante minero escritor y activista Juan Carlos Lorenzana que habló de sus Relatos mineros.
   Además de los libros se habló del pasado de la montaña del Torío, rodeados de unos montes repletos de un carbón que permanecerá expectante, del presente de una España rural  que han dado en llamar vaciada, circunstancia que aún se ha cebado más en estas tierras leonesas sojuzgadas a los caprichos de una centralista política autonómica,  y del futuro de estas cuencas y valles a los que extirparon los riñones y trasplantaron el corazón dejando un agujero tan negro como el de la boca de una mina.
   Así mismo se dialogó sobre  la necesidad de recuperar lo perdido, no tanto para reproducirlo sino para custodiarlo y valorarlo. Con los ojos puestos en esos cielos azules que se nos figuran un tanto verdes buscando la esperanza de un renacer.
  Entre los asistentes al acto gentes autóctonas deseosas de encontrar respuestas, valientes que han optado por quedarse a vivir en un medio rural que no siempre les acoge con generosidad, nostálgicos que ansiaban renovar recuerdos, veraneantes que sintonizan con las preocupaciones de sus compañeros de tertulia, y niños pequeños revoloteando como palomas mensajeras deseosas de dejar buenas nuevas.
  Una tarde de domingo de las que se recordarán en las duras jornadas invernales que llegarán más adelante.



domingo, 28 de julio de 2019

SENTIDO COMÚN LEONÉS

SENTIDO COMÚN LEONÉS 
Por Marta Redondo 
Colaboración 29 julio para La Nueva Crónica 





    Decía el Fuero de León promulgado allá por el 1017, en tiempos de Alfonso V  en el por aquel entonces vasto reino Reino leonés,”que cualquiera que intentase quebrantar, a sabiendas,  ésta nuestra constitución, quiera de nuestra progenie, quiera de otra, quiébrensele las manos, pies y cabeza, sáltensele los ojos, arroje los intestinos, y herido de la lepra y de la espada del anatema, pague la pena con el diablo y sus ángeles en la condenación eterna” . Y eso que de aquella no había cine gore ni nada por el estilo, aunque si sabemos que en el medievo en cuestiones punitivas no andaban con miramientos. Tal delicadeza normativa nos lo cuenta el también leonés Elías López Morán, notario y etnógrafo español oriundo de Canseco, en su libro Derecho consuetudinario leonés, editado por la Diputación Provincial de León, en aquella afortunada saga llamada Breviarios de la Calle Pez - castiza vía donde se encuentra la Casa de León - y coordinada por el grupo de estudios Gumersindo de Azcárate 

   Norma implacable sin duda esta del fuero. Tiempos recios aquellos en que la rigidez institucional se trasladaba también al entorno familiar en forma de vara y zapatilla. El miedo implacable a las iras celestiales mantenía al individuo recto como vela y no digamos a la individua.

   Tiempos en que los detentadores , custodios, y  garantes de la autoridad y el orden no se andaban con fruslerías de medidas correctoras  tales como trabajos en beneficios de la comunidad, acuerdos reeducativos o prácticas restaurativas. La finalidad de la disposición penal no era en absoluto  reinsertar.  Lo  importante era sancionar y de paso ejemplarizar al resto de los mortales. 

   Temeroso de un Dios que consideraban, seguramente porque no le conocieran demasiado, implacable y justiciero. Se lo pensaban mucho antes de conculcar norma alguna o al menos de hacerlo de una forma ostensible ante los ojos del resto del vulgo. Y si se aventuraban a pecar, con discreción. A nadie le apetecía pasarse la eternidad entre calderas infernales. Derecho divino y humano, pues, aparecían hermanados al considerarse a Dios como supremo legislador. Por eso el legislador del  Fuero legionense, al ponerse serio con los infractores, condena a la espada del anatema, que no es otra cosa que la pena de excomunión para el católico díscolo que sería apartado de su comunidad religiosa, lo cual era sinónimo de ostracismo y rechazo, por mucho que los católicos de bien quisieran lanzarle un capote al pobre apestado.

   La multitud y diversidad que colorea hoy nuestros paisajes urbanos y rurales condenaría hoy esa norma a una lógica obsolescencia por mucho que tuviera de consuetudinaria ya que además se daría de bruces con nuestra Constitución que en materia de derechos y libertades bien puede sacar pecho.

   Y es que  hoy el Derecho, aunque a veces sea un tanto perezoso y ande desbordado por tanto adelanto a bocajarro, presenta la flexibilidad necesaria para hacer frente  a cualquier comportamiento por muy deshonesto o deleznable que resulte.

 Seguramente todo sea una pura cuestión de tiento, cordura y una buena dosis de sentido común que de aquello también andaban sobrados nuestros ancestros, y si no juzguen lo que dispone en materia de cooperación: “Cuando un vecino tiene la casa ruinosa y determina destruirla para edificarla de nuevo (…) no es preciso que avise a los parientes y vecinos más próximos: en cuanto ven que los individuos de la familia interesada comienzan la demolición, abandonan sus propias labores y corren presurosos a prestarles desinteresada ayuda”


jueves, 25 de julio de 2019

QUO VADIS?



    La pasada semana me despedía  de Roma  agitando el pañuelo desde una de las colinas que la circundan. Pero ahora retorno para sentarme en un banco de Santa María de Trastévere considerada la Iglesia más antigua de Roma dedicada a la Virgen. En el retablo aparece en lugar destacado la imagen  de su Hijo  en uno de los iconos más antiguos que representan el rostro de Cristo. Mirándole vuelvo a escuchar aquel Quo Vadis  que Pedro le hizo   cuando el Apóstol huía del acoso de Nerón y se encontró al Señor cargando con la cruz. Pedro, avergonzado de su nueva cobardía, retornó a Roma para enfrentarse a su martirio.

     Contemplo esa imagen primigenia del rostro sereno del Salvador. Me pregunto por el destino de mi Iglesia, de nuestra Iglesia. Reflexiono sobre sus comienzos. La aurora de aquella también primitiva Ecclesia originaria. Evoco la visita que hicimos a las catacumbas de San Calixto. Lugar de enterramiento para los primeros cristianos. Una verdadera necrópolis situada a las afueras de Roma en una zona sísmica donde periódicamente se han venido produciendo los choques de placas tectónicas. Localización acorde con la situación de las  primeras asambleas cristianas Siempre abatidas por las persecuciones. Situación que tristemente no ha cambiado mucho ya que los Cristianos seguimos siendo la religión más perseguida.



Recupero la imagen de los lóculos que eran las tumbas  de aquellos primeros Cristianos considerados los más pobres entre los pobres. Térreos lechos mortuorios realizados no con finalidad defensiva o de ocultamiento sino con afán de encontrar una estancia serena en la espera de que el Padre bueno les abriera las puertas del cielo. Se elegía la tierra precisamente por su menor coste.

Vuelvo a mirar el rostro sereno de este Cristo pintado en madera   y comparo su mirada con la que me regala la Madonna de la Clemenza en el retablo de al lado. La Madre cuyo regazo parece custodiar a sus hijos en  actitud abierta y salvadora. El descanso del hijo que se aleja, el paño de la hija que llora, la tabla de la salvación de los que sufren, intercesora de Papas, obispos, sacerdotes y personas consagradas y laicos, abogada de sufrientes y moribundos, cómplice de misioneros y evangelizadores, madre adoptiva de huérfanos y desheredados, la última esperanza de los incrédulos que siguen porfiando por  encontrar respuestas. 

Sereno descanso en los ojos de Maria. 

Lo mismo que yo deseo a todos los oyentes desde mi ventana veraniega de hoy.

Paz y bien.

domingo, 21 de julio de 2019

CORRIENDO POR ROMA





Corriendo por Roma.

Por Marta Redondo

Correr es una actividad física que no consiste solamente  en  ponerse a dar zancadas a destajo. Se reflexiona mucho. La mente se oxigena y activa.  A veces hasta se escribe mientras se corre. Y si no que se lo pregunten al escritor Murakami Haruki que incluso ha escrito un libro sobre este liberador deporte titulado “De qué hablo cuando hablo de correr”

Muchas personas tenemos el ritual de hacerlo cada vez que aterrizamos en un lugar nuevo. Yo acostumbro ahora a hacerlo sin cascos. Se escucha mejor el ritmo de las cosas.

Pienso que trotar ligeramente  es  una manera de pulsar el espacio, de conocerlo, y hasta de marcarlo. Un rasgo este último que compartimos con el resto de animales. Ellos se hacen presentes ostentando sus colores, nosotros con nuestras banderas. También se posicionan emitiendo signos auditivos como cantos o alaridos, nosotros mediante  himnos y tonadas locales que hablan de nuestra presencia y lugar de pertenencia. Pero a menudo   arribamos también   olfativamente. Los de otras especies animales se singularizan  mediante la orina con afanes demarcatorios. Nosotros gracias a la actividad de nuestras glándulas sudoríparas que actúan - a veces con creces  para desesperación del deportista y congéneres del mismo-  durante cualquier actividad física intensa como la de correr. Seguramente ese afán por delimitar nuestro sitio tenga que ver también  con el deseo de dejar huella de nuestro paso. 

Decía el escritor estadounidense R. Andrey que “territorio en sentido ecológico, es el espacio, sea acuático, terrestre o aéreo, que un animal o grupo de animales defiende como reserva primitiva segura. Y se denomina instinto territorial a la pulsión interna que mueve a los animales a poseer y defender tal espacio” . Pulsión que puede derivar en obsesión y si no que se lo pregunten a Puigdemon and company que estuvo a punto de acabar con la pax hispana con sus ínfulas soberanistas,  oa tantas familias enfrentadas por disputas  hereditarias, bandas urbanas que se pasean por las ciudades patrullando lo que consideran predios propios , vecinos enfrentados por discordias sobre linderos que han acabado a azada limpia, pueblos que desde tiempos inmemoriales se miran de reojo porque el cartel delimitador con el nombre de la población de turno ha invadido el territorio enemigo,  y tantos y tantos conflictos territoriales que han derivado en tristes carreras armamentísticas fratricidas.

Pero   será mejor hablar de  carreras pacíficas y placenteras. Esta semana corrí  por vías  romanas. Rodeada de un tumulto palpitante de vida. Expuesta a los temerarios conductores italianos para los que a menudo, los pasos de cebra no pasan de ser mera anécdota. 

Roma. Ciudad otrora caput mundi y conquistadora implacable. Cuyo fundador, Rómulo, fue gestado  por un dios y una virgen. Abandonado junto a su hermano Remo fueron  amamantados por una loba. Patria madre de un pueblo voraz territorialista. Imperio en cierto modo parásito  de la cultura griega. Pero precursores en  legislación e  ingeniería. Constructora  de templos y foros que hoy sólo son ruinas para deleite de turistas que vamos a recorrer y correr por sus bulliciosas calles eternas. 

LA TATARABUELA DE FRANCO MIENTRAS VIVÍA EN LAS CUEVAS






A Cecilia, mi hija, en su cumpleaños número 18




Así dices que escribo yo. Como la tatarabuela de Franco mientras vivía en las cuevas. Como de otra época. Dices no entiender el vocabulario que uso. Y mientras me tomas el pelo observo tu  dentadura blanca desplegando una de esas sonrisas que tanto me gustan.
Hoy haces 18 años así que tendré que esmerarme para que me entiendas.
Hacerte llegar todos esos recuerdos que se pasean por mi cabeza produciéndome una infinita ternura y gratitud. 
Recuerdo a aquella pelonchina de ojos vivarachos que ya desde el principio quería saberlo todo hilvanando una pregunta tras otra.
¿Y luego? ¿Y por qué?¿y después?
Mala comedora que obligabas a complicadas puestas en escena. ¿Recuerdas a la bisa colocándose las bolas de navidad en las orejas para hacer que probaras bocado?
Te encantaba ver a Ita pelando patatas viendo cómo se balanceaba la mondas desafiando a las leyes de gravedad.
Los primeros balbuceos rogando que te tomaran en brazos.
A coco Ita.
Aquellas altas fiebres que nos ponían a todos en el disparador presentándose siempre en medio de las vacaciones.
Y las noches de insomnio acunándote hasta el infinito.
Niña de amigas a montones y de fidelidad silenciosa. De escuchas y secretos con las personas que más quieres.
Fiestera a la par que discreta.
De un gran corazón delicado que siempre sabe conmoverse ante las desgracias ajenas.
Curiosa y un poco refunfuñona cuando el sueño no te ha acompañado como es debido.
Aún anda lejos la madurez. Este es sólo un primer paso hacia un camino de ascenso en una sola dirección. A partir de ahora sólo queda cumplir sueños y subir peldaños.
Y cuando los bajes que solo sea para tomar impulso.
Y cuando resbales y caigas que solo sea para tomar aliento y fortalecerte en la lucha por la vida.
Una vida que va a ser apasionante.
No lo dudes.
Tu familia te acompaña a cierta distancia.
La suficiente para que puedas volar largas distancias y regresar al nido cuando lo necesites.
Felices 18 Cecilia.
Te quiere.
Mamá.
PD. Dice la tatarabuela de Franco, la que vive en las mismas cuevas que yo, que le guardes un trozo de tarta.



viernes, 19 de julio de 2019

¡ARRIVEDERCHI ROMA !




Estoy sentada en la plaza de España tratando de medir el pulso de una ciudad en donde residen de modo habitual tres millones y medio de almas herederas de un antiguo Imperio. Riadas humanas multicolores tiñen de tonos mundanos  anchas vías    y  encantadoras cellejuelas . Y es que     esta  vieja urbe, antigua capital del  mundo,   soporta de media unos 14 millones de turistas con los que mantiene todo un inmenso patrimonio que de  por si solo parece  justificar  y hasta disculpar  los inconvenientes del caos que soporta. Ese aire de dejadez de una ciudad  que se sabe poseedora  de un encanto que no necesita demasiado aderezo ni retoque. Se puede permitir el lujo tener  un mobiliario urbano descuidado, un servicio de transportes poco controlado y un tráfico camicace,  sobre todo para los peatones ilusos que esperan que los pasos de cebra sean lance seguro para ir a la otra orilla. 


Aquí nadie sabe cómo pero al final las cosas siempre  acaban siempre funcionando, quizá por ese desparpajo latino o tal vez se deba al  influjo del vecino estado sede de la Iglesia Católica Apostólica Romano cuyo Basílica principal tiene sus cimientos sobre los restos de la sangre de los mártires Cristianos. Aquí han residido durante más de 2000 años los 266 pontífices máximos sucesores de aquel pescador de Betania al que Cristo nombró primus inter pares. Un lugar del que  la periodista Paloma Gómez Borrero dice en su libro Caminando por Roma que “ no parece el mejor sitio para que se sientan a gusto los amigos de un pescador y un carpintero”.


Esta  ciudad está llena de ruidos entre los  que resuenan los rugidos de los leones que  se relamen en el circo Romano o  las fieras que claman sangre en la gradas mezclándose con los choques del acero de los gladiadores q. Pero también se escucha la música que acompaña los desfiles triunfales de los cesares, o  la que alegra  la Piazza Navona o la del Popolo, o quizás se confunda con el rumor de la Fontana de Trevi que recibe las monedas de los enamorados que sueñan con retornar a la ciudad eterna. 


Es fácil imaginarse  los coros celestiales de una Santa cuyo busto permanece tendido en la urna de una de las Iglesias más hermosas que se construyeron en Trastevere. Una mujer fuerte que luchó por defender su Fe y ser fiel a sus principios. Cecilia continua tendida esperando abrazar el sueño de la eternidad. Una eternidad que parece resistir también entre esas ruinas de los foros imperiales que contemplamos desde una de las siete colinas mientras comenzamos a sacar el pañuelo.  
¡Arrivederchi Roma!



domingo, 14 de julio de 2019

OLOR A MUJER

OLOR A MUJER. Por Marta Redondo.

 Les prometo que esta historia es tan cierta como aquella de la moza que entró de criada y salió de dueña. Me la contó una enfermera que contuvo a un hombre desolado la noche en que prorrumpió en el puesto de control de enfermería clamando que le devolvieran a su hembra el olor a mujer. Días antes habían atendido a su pareja durante el alumbramiento de la criatura que ambos tenían en común. En vano el personal sanitario trataban de hacerle entrar en razón. Si no hubieran lavado de arriba abajo a aquella mujer a saber en qué condiciones habrían llegado el pobre bebé a este mundo. Pero al hombre no le había gustado el cambio. Estaba acostumbrado a aquella fragancia. Quería lo de siempre. Clamaba porque alguien volviera las cosas a su estado original. La memoria le apremiaba reclamando el patrimonio espiritual perdido. Quería el olor de su mujer , o tal vez lo que reclamara fuera su paz anterior, o la tranquilidad que tenía antes de que todo cambiara.

 Siempre echamos de menos las cosas que se nos fueron. Sobre todo las que poblaron nuestra infancia. Esos recuerdos que tanto nos interpelan retrotrayéndonos a un tiempo pasado que -parafraseando a mi vecino opinante en este patio de columnas José María Giráldez- nos hicieron soñar de niños y que de algún modo parecen resistir, aunque no se sabe por cuánto tiempo. Y de recuerdos, evocaciones y resistencias está repleto un lugar lleno de encanto y de valiosas reliquias históricas. Un espacio que les recomiendo visitar ahora que el tiempo veraniego se torna propicio para darle cancha a la cultura. Se trata del museo etnográfico provincial de León, antiguo convento de San Agustín, sito en la villa de Mansilla de las Mulas. Además de una interesante exposición denominada contracrónicas , resumen de las mejores contraportadas de este periódico que ahora están ojeando con textos de Fulgencio Fernández y fotografías de Mauricio Peña, también alberga ahora otra efemérides dedicada al cine que incluye la proyección de cintas míticas en el delicioso marco de la capilla funeraria del señor de Villafañe, D. Fernando de Acuña, donde el noble ilustre caballero de la Orden De Santiago y capitán de los Tercios de Flandes reposa junto a sus dos mujeres.

 Podrán visitar las veintisiete áreas del museo repartidas en tres plantas que abarcan desde la arquitectura tradicional a la indumentaria y joyería, la agricultura, los medios de transporte, el alimento, la producción textil, la medicina, el arte, la religiosidad popular o el ciclo de la vida. Conocerán algunas de las joyas que alberga tales como varias ediciones del libro “La Picara Justina” cuyas andanzas transcurrieron en Mansilla. Podrán pisar un conservado pavimento enchinarrado, confeccionado por pequeñas piedras de río que, a modo de teselas, favorecían por su libre disposición, el curso del agua. Se colarán en una cocina de antaño de aquellas en que al calor del puchero pendente de enormes pregancias, se cocían los más sabrosos filandones.

 Recuperarán, en definitiva, algo del sabor y el olor de antaño, no se si de hombre, niño o mujer. Pero desde luego si serán el olor y el sabor de la tierrina leonesa.

viernes, 12 de julio de 2019

EL CICLO DE LA VIDA

El ciclo de la vida 

Julio y agosto son meses de amable  anarquía.  Nuestros pueblos  se ponen de brazos en jarra plantándose  frente a  ese aciago título de España vacía  que han querido colgarle por mucho que tenga de cierto. Tiempos  en que las terrazas rurales  cuelgan orgullosas  el cartel de lleno y toca regocijarse escuchando la algarabía de chiquillos que corretean por las calles de canto rodado. El ritmo se ralentiza y hasta los perros parecen ladrar más despacio. Las nubes se tornan plácidas y serenas procurando incordiar lo menos posible a un cielo azul rabioso que conoce que es su tiempo de reinado. Riadas de muchachadas de campamentos que cruzan en marcha por los caminos  tiñendo  de colores el sabor  local mientras los ancianos observan con los ojos entrecerrados.  Parecen  querer  huir  no se sabe si  de un sol abrasador o de las remembranzas que atizan de lleno el ánimo preñando la tarde  de nostalgia.
Tiempo de charlas y de tertulias a la salida de misa. De  reencuentros de amigos y amigas  que se conocen de toda la vida porque empezaron su educación en la escuela del pueblo, trabajaron en e, taller de bicicletas del pueblo, o fueran juntas a un curso de corte y confección en la academia de la misma vecina. Ratos   de partidas de mus al aire libre. Mañanas inauguradas por el canto polifónico de aves varias. Noches estrelladas que rebosan confidencias. Horas en las que parece no pasar nada como si ya hubiera pasado de todo y haya que contarlo al ritmo ralentizado del paso que acusa el descanso de los meses pasados. Tiempos en que los paseantes nocturnos hacen recuento de las casas cerradas, los negocios que prosperan, los bares que aún permanecen abiertos o se explican  la cantidad de tanatorios que últimamente proliferan por la zona teniendo en cuenta el alarmante número de defunciones que no gozan de tasa de reposición. Pocos carritos de niños cruzan las calles y los escasos retoños que se ven acaparan los mimos y carantoñas de propios y extraños que les procuran las atenciones propias de su rango de rareza. Pocos infantes hay en nuestros pueblos sin duda.
Movimientos de entrada y salida que le dan cierto movimiento al pueblo que sin embargo permanece siempre inalterable como esperando el retorno de los pies que cada año vuelven a pisar la tierra de los ancestros. La tierra de antaño. La que abonamos con nuestra vida. Al ritmo de las estaciones. El ciclo de la vida.

lunes, 8 de julio de 2019

BULOS Y PATRAÑAS

DE BULOS Y PATRAÑAS.



Por Marta Redondo.

Recordaran que hace  poco más de una semana los medios de comunicación nos asombraban con una  noticia:  Un  hombre ha  sobrevivido al ataque de un oso refugiado durante un mes en una cueva.  Allí la fiera le mantuvo con vida para de írselo merendando poco a poco según el hambre así la apremiara. El hombre,  a consecuencia de los zarpazos, sufrió una lesión medular pero aún así logró sobrevivir  gracias a que, inmovilizado,   se hidrataba  con  su propia orina.

 Pronto la noticia se hizo viral ocupando las primeras planas de muchos diarios nacionales y locales. A nuestras mentes acudieron  héroes del celuloide tales como el sufrido personaje de Di Caprio en “El Renacido” o Luke Skywalker cuando fue atacado por el Wampa en”El Imperio contrataca” tal y como nos recuerda el biólogo asturiano David Álvarez en su blog “Naturaleza cantábrica”. Fue precisamente este mismo biólogo el que realizó un análisis detallado de las circunstancias del caso. Y aplicando los elementales dictados del sentido común concluyó que resulta imposible alimentarse todo un mes ingiriendo la propia orina y menos un lesionado medular cuya limitación de movilidad impide tan complejo movimiento de recogida de propios restos miccionales. Tampoco veía al oso en amoroso cuidado de su retoño alimenticio. No le cuadraba, al avispado naturalista, tanto hecho insólito. 

Así que al más puro estilo  doctor  Livingstone, se propuso desentrañar la verdad. Y localizó a  Alexander, no en la cueva del oso, sino en la cama de un hospital,  donde el desdichado, en avanzado estado de desnutrición, había acudido a curarse a un hospital de la región rusa de Tuba de una galopante soriasis  que, unida a una depresión  le tenía postrado en cama. Y allí le retrataron, para  escarnio del pobre enfermo y regocijo del resto de mortales inventando una película que muchos se creyeron. Resultó pues, ser una noticia falsa.

 Lo acabamos de descubrir en un interesante Curso sobre periodismo narrativo  que la UNED ha organizado en Ponferrada de la mano del  periodista berciano Carlos Fidalgo  y de la profesora Celia Casado.  Con  ponentes como el propio Carlos Fidalgo cuya disertación fue muy brillante, Julio Montes, responsable del proyecto malditobulo.es, Antonio F. García Encinas, del Norte de Castilla, Sergio Molino, artífice de la expresión España vacía , Olga Rodríguez Francisco,   corresponsal en Oriente Medio y Macarena  Berlín, periodista de Televisión Española. Clausuró el curso una sorprendente e hipnotizadora Espido Freire que disertó sobre prensa y literatura. La filóloga hizo una elegante  defensa  de la pureza del lenguaje, y de una sana asertividad que nunca deberá ser aplastante para que el discurso pueda ser recibido con agrado .  Durante dos horas y sin ningún texto escrito fue capaz de subyugar al auditorio. Ni  siquiera nos atrevíamos a respirar por miedo a romper el encanto de sus palabras. Por supuesto reivindicó el valor de la verdad frente a los subjetivismos. Y ella  no habló de fake news, pese a su especialización en lengua inglesa, sino de mentiras y patrañas. Esas que todo periodista y persona de honor debe evitar.

sábado, 6 de julio de 2019

DE PADRES E HIJOS


Ahora que ya andamos de vacaciones y tenemos a los peques más pegados a nuestros regazos parece que aún nos hieren más las historias de abandonos y desprecios infantiles. Se hace triste pensar en esos pequeños abandonados en el Hospicio de San Cayetano a cuyos padres no les quedó otra que confiar en los custodios de tal institución. Ahora, gracias al trabajo de investigación de Casimiro Bodelón, conocemos algunos entresijos del día al día de los huérfanos que por allí pasaron. Detalles como  que de siete a siete y media en invierno, y de seis y media a siete en verano han de hacer las camas todos, niños y niñas, limpiar los vasos inmundos —cada niño tenía debajo de su cama un bacín para sus respectivas necesidades— y barrer sus respectivos dormitorios, los niños el suyo y las niñas el suyo y esto todos los días sin intermisión». 

Pero no hay que remontarse a esta normativa del siglo XVI para buscar historias de desprotección y desamparo.

Esta misma semana conocíamos la triste noticia de Inés, una niña de once años que tarda un poco más de lo habitual en procesar la información que recibe. Pues bien, la peque  hizo las maletas para disfrutar de un campamento de verano en Aldeaduero (Salamanca), pero  al segundo día de haberlas deshecho, hubo de rehacerlas para regresar a su casa  tras las quejas de familias de las dos compañeras con las que compartía habitación porque «no querían que estuviesen con una menor con discapacidad». Según estas modélicas mamis  «sus sufridores retoños  están en un colegio de integración por lo que  durante todo el año tienen que convivir con niños de necesidades especiales y que cuando llega el verano se merecen disfrutar del campamento sin tener que estar con estos niños». Entristece esta actitud de rechazo de la que se nutren los hijos que aprenden de sus padres por ósmosis. Si el hijo se cría en un entorno de intolerancia se comportará de esa manera frente al resto de sus congéneres. La educación emocional es un aspecto más y además de carácter vital en la crianza de los hijos. Solo si les educamos en la compasión, la convivencia y la empatía podremos asegurarnos que se comporten así con sus amigos, compañeros de trabajo, e incluso, con nosotros mismos. Cosa que no solo agradeceremos hoy, sino especialmente el día de mañana.

miércoles, 3 de julio de 2019

ADAGIO


La música les había enamorado y unido.
Nunca pudo, a causa de su ceguera, disfrutar en plenitud de la belleza de Victoria. La joven violinista polaca a la que eligió para convertirla en su esposa.
Iban a ser padres de una niña. 
La pequeña nació muerta a los seis meses de su gestación.
Mientras crecía en la barriga de su madre,  su padre, Joaquín Rodrigo, gestaba a su vez una de las piezas más hermosas de la música clásica: El concierto de Aranjuez.
Lentamente se reponía del dolor de la pérdida la joven  Victoria a la vez que escuchaba los suaves y acompasados arpegios rasgados de la guitarra con una ligera sonrisa en sus labios. En ellos adivinaba escondido, de modo sutil, el suave latido  del corazón de su pequeño ángel. El que regaló su pulsión y vida a las cuerdas de una guitarra.



ROMANCERO GITANO