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sábado, 2 de enero de 2021

viernes, 30 de octubre de 2020

TIEMPO DE RECORDARLES

 Tiempo de recordarles.

 

Cercanas ya la fiesta de todos Los Santos y la de los fieles difuntos,  comienza el tiempo de ojear las viejas fotografías, esas que aparecen llenas de testigos de un pasado familiar conjunto. Que atesoran recuerdos devolviéndonos, cuando las miramos, ráfagas de memorias unas veces dolorosas, gozosas otras. Renacen las historias que una vez protagonizamos junto a los miembros de nuestro clan familiar. Reunidos en torno a la abuela que, sentada en el escaño miraba a la nietada revoloteando como mariposas irisadas por los recovecos de la sala de estar. Acontecimientos que permanecen congelados en el papel fotográfico, preso tras el cristal. No siempre son gratos los recuerdos pero están ahí. A nadie se le ocurre recortar una foto para cambiar la historia porque el clan no sería el mismo. Ese malsano afán de revisionismo histórico que parece habernos entrado de repente con la misma insistencia del virus cansino.  Todos ellos, esos rostros  que permanecen en los estantes de nuestras casas son para nosotros  compañía y sentido. Raíces que en mayor o menor medida, significan lo que somos y permanecen vigilantes como necesaria comparsa. Sin ellos no podríamos entender ni orientar nuestro vuelo. 

Oremos a Dios por ellos. Por todos ellos. 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

QUINO. IN MEMORIAM





 Quisiera no ser tan yo

seguramente me iría mejor.

Aunque en el fondo

no es tan malo quererse hondo.

No parece un desatino 

exclamar con el finado Quino.

¿No me notáis como estoy?

Ando fuera de mi. Hoy.

Justo a mi me tenía que haber tocado 

ser como soy.

viernes, 15 de mayo de 2020

ANTONIO: LUZ AZUL.


      No se enciende una luz para meterla en un armario, sino para que, elevada, alumbre a  todos los de casa. 
    
    No he podido evitar detenerme en esta  cita evangélica  recogida entre las páginas de uno de los muchos libros que escribiste.Este que tengo entre manos se titula “Nueva evangelización”. Lo adquirí después de asistir a un taller de una de las ediciones de  la Semana de Pastoral en los que tuve la dicha de coincidir contigo. Los de casa. Justamente ahora nos encontramos en la que fue la tuya durante algún tiempo.

     Me encantaba  encontrarte por los pasillos, era como sentirme protegida por aquella palabra con la que mi alma se sintió reconfortada durante las clases de religión de EGB en el colegio Sagrado Corazón de las Carmelitas Vedruna.

    No me salía, pese a la horabilidad de los cargos que se multiplicaban sobre tú persona, llamarte D Antonio. Porque siempre te veía como nuestro Antonio, mi profe. Y ante tu presencia evocaba el deslizarse de la tiza sobre la pizarra trazando el mapa de Palestina o escribiendo en mayúscula la palabra Reino.
     Al unísono resonaba en mis oídos la palabra firme, con autoridad desgranando la vida de Cristo. La duda de Santo Tomas, el camino de Emaús, la elección de los doce. Nos presentabas un Cristo dignificado y repleto. Sereno, majestuoso a la par que justo y compasivo.

    Cuando me enteré de tu marcha precisamente este pasado, triste y confinado Viernes Santo tuvo que lanzarlo a los cuatro vientos. Se había ido alguien muy cercano. Mis compañeras de estudio recordaron las animadas Eucaristías del colegio, las convivencias de la Casa de Ejercicios de los Dominicos en la Virgen del Camino. Todo fueron recuerdos gratos. Te queríamos Antonio. Quizá porque nos hiciste paladear la belleza de un Dios amor cercano. Ese mismo en cuyo regazo estarás recogido ahora que el mundo permanece en medio de la,incertidumbre. Te imagino mirándonos rodeado de esa luz que de alguna manera nos hiciste intuir , mirándonos desde un cielo claro, de un azul como el de aquellos grandes ojos a través de los que pudimos ver el rostro de Cristo.

sábado, 11 de abril de 2020

ANTONIO, MI QUERIDO PROFESOR


Siempre he querido ser como tú.
Ahora me he dado cuenta.
Cuando siento un profundo dolor por tu partida.
Una partida anunciada y significativa.
Porque te has ido el mismo día que se fue Él.
No es el discípulo menos que su Maestro y hasta en eso fuiste capaz de emularle. Seguiste sus pasos incluso al pie del sepulcro.
Querido Maestro. Maestro bueno que sembraste en mi corazón anhelos de eternidad.
Recuerdo aquellas clases de Religión en séptimo y octavo de EGB. Cuando trazabas el mapa de Palestina en el encerado. La tiza se deslizaba segura sobre el verde espacio dibujando esperanzas acompasadas con el ritmo timbrado de tu voz serena y firme. Nunca olvidaré aquella clase en la que nos contaste él misterioso modo en que aquel pastor encontró los legajos escondidos en la cueva de Qumrán. El primer evangelio. Y cuando relatabas  el modo cercano en que Jesús trataba a su Padre al que llamaba abba,  como los niños llamaban de pequeñines a sus padres “papaíto”.
¡Cuántas veces intento emularte siendo con mis alumnos como tú eras en clase!, hablando con la misma autoridad. Pero confieso como dijo el Bautista a los pies de su Señor, que no soy digna de descalzarte el cordón de los zapatos. Porque tú eras un sabio Antonio. Cuando hablabas tus palabras dibujaban escenarios y horizontes de esperanza. Hablabas un lenguaje cercano a la par que erudito, escucharte era siempre acercarse al infinito, trazabas un Dios cercano, un Jesús humano como siempre te gustaba decir “leyendo los signos de los tiempos”. Y ese peculiar sentido del humor en las Semanas de Pastoral cuando bromeabas diciendo aquello de que “la iglesia y la tecnología siempre andan a la gresca” .
León pierde un heraldo, un sabio, un hombre bueno. Comunicador infatigable, compañero de programa. A menudo , los viernes, después del programa de COPE, hablábamos  José María Martínez y yo de la evolución de tu enfermedad.  Él también sentirá un dolor como el mío, quizá mayor. Estabais a diario codo con codo en el Obispado.
Sin duda eres el mejor profesor que tuve nunca porque no transmitías conocimientos sino vida. Conjugabas el verbo trazando siempre el paraíso. Ese mismo al que te estarás dirigiendo ahora, a pocas horas de la vigilia Pascual.
Gracias maestro Antonio, me quedo con esos inmensos ojos azules del color del mar de Galilea, aquel en el que faenaba el pescador de hombres que un día te dijo “Ven y sígueme”. Ahí está a la otra orilla esperando a que llegues pronto. Este año ya no predicarás camino de Emaús porque te fuiste con el mismo que aseguró al buen ladrón: “te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Profe, acuérdate de mí cuando hoy entres en el Reino de los cielos.
Te quiero, profe. Ojalá hubiera podido decírtelo. Gracias por transmitirme la fe y por aquellas eucaristías que nos sabían a gloria. En las que nunca se aburría nadie.
Quisiera haberte escrito con retórica cuidada, digna de tu altura. Una hermosa elegía.  Pero  no tengo fuerzas, la pena me acongoja en medio de toda esta tristeza que nos rodea.
Tu no querrías que tú alumna llorara...significaría no haber asimilado tus enseñanzas.
Pero el dolor es tan libre...

PD. Gracias también por decirle aquel día a aquella gente que siempre quisiste tener una hija como yo. De alguna manera también fuiste un poco mi padre. Si  soy profesora de Religión en parte se debe a ti. Que Dios te acoja en su regazo y te premie por todo lo bueno que hiciste que fue mucho. Puedo dar testimonio de ello.

sábado, 2 de noviembre de 2019

DE PROFUNDIS


Por Marta Redondo. Para la sección de Opinión de la Crónica de León. 2 de noviembre.



¡Cuán gritan esos malditos en tiempos de carnavalComienzan los griteríos. La campaña electoral. Emergiendo en lúgubre noche surgen huestes espectrales. Al vulgo han de  convencer de que viene siendo menester decidirse necios, medios  y cabales.
Rostros traen de ceño adusto, oran plegarias al cielo  queriendo esconder el susto de la sombra del recelo. 
¡Pardiez!  Saben que  el  día diez llegará  el desenlace   que les deje liberados  de este tan  duro trance. 
Y aunque almas cándidas juzguen  que el voto no es  purgatorio sino algo muy  perentorio, no les quepa alguna duda. En ocasiones este también  muda.
Ya acuden a la taberna del laurel prestos los jugadores. Para ganar  tan arriesgada  apuesta exhiben  galanes conquistas de los  que están en las listas. 
Los candidatos el  galardón del gobierno quieren del cielo gozar . ¡Mal rayo parta al infierno! Todos pretenden medrar.
Muestran ufanas propuestas que den el  corte de manga a las  funestas encuestas  que siempre amargan las fiestas. 
Sanidad, Economía, Vivienda. Hacienda, Justicia y educación. Y siempre,  sin redención,  todos  mentan sin olvido a la pobre religión. Clásico de cada legislatura la tan manida asignatura.
Hablan mucho y muy seguido, no escuchan al pueblo llano no vaya  a ser  que un  hermano les hable del tema  tabú ¡Por Belcebú! Nadie será tan bellaco de nombrarles    el desmán de ese  asunto catalán. 
Mientras tanto en velatorio yace un  elector doliente que busca como penitente tomar decisión correcta. Temeroso   como plañidera de dar confianza a cualquiera. 
Ya sale en Santa Compaña la hilera de candidaturas en sagrada  peregrinación soñando con ser lumbreras de  la próxima elección. Ya se escuchan los ábregos otoñales que acunan los cipreses del cementerio, mientras los del flagrante adulterio ocultan sobres lujuriosos.
La dama de la guadaña se da muy buena maña para venderse a buen precio si el fin merece la pena. Ella siniestra y huraña sabe mentir con salero y  cavar a palada batiente la tumba de la democracia. ¡Traición!¿Resurgió la corrupción? Se frotan manos con esmero. Poderoso caballero es D. Dinero.
Los militantes subyugados escuchan disertar  a sus votados. 
Y nosotros,  triste lectora, lector que también suspiras, censos de nombres repletos, urnas que estáis en los cielos, sillones azules que esperáis nobles posaderas. 
Dejad todo abatimiento. Tened fe en la salvación. En la diosa crítica en cualquier cuita política. Ella, siempre al acecho, de deberes y derechos. Nuestro más insigne  don: la noble    Constitución. 

viernes, 7 de junio de 2019

HASTA AQUÍ PUEDO LEER.



Hay personas que no se mueren nunca. Porque no las dejamos. Tiramos de su recuerdo y estiramos tanto su legado que logramos una larga intriga enredada entre unos sueños que están en suspenso porque alguien decidió contarnos una historia para no dormir. Magos que tejen imágenes e ideas regalándonos escenarios y mundos que solo ellos conocen y manejan. Tocados por una musa diferente. Seres que miran de otro modo.

Contamos 1, 2, 3 y cerramos los ojos para rogar La Paz necesaria que les acoja. Y musitamos  una breve oración para rogar por el alma de un narciso que se quedó dormido mientras se miraba en un río olvidado en cuya superficie bailan rutilantes las estrellas que se escaparon de una caja tonta. Nadie le dará calabazas Rupertas  ni botildes  al maestro ahora en ese viaje final cuyo billete ya fue validado. Escuchará  ahora  la voz de otro narciso padre que, enredado en menta quiso llamar al pequeño prestidigitador  que tanto nos hizo soñar a ritmo de música, premios, preguntas y respuestas. Batiburrillo de subastas envueltas en campanas y sirenas tacañonas. Aquellos  viernes tendidos en el sofá de casa mientras, viendo la televisión,  mi madre me acariciaba el pelo. Soñaba con ser una de aquellas hermosas azafatas. Vibraba con las coreografías y las intemperancias  de la explosiva rubia francesa de nombre Marlene, y la bombi, y 22 22 22, y Kiko y Jordi, y aquel otro que anunciaba las campanadas de Noche Vieja enfundado en una capa que se me antojaba leonesa, y...hasta aquí puedo leer no sin antes desearte felicitad eterna Chicho, al menos un pizquín de la que tú me procuraste a mi.

HABITAR LA VIDA