jueves, 8 de agosto de 2019

MIENTRAS, VIOLETA ESPERA



Se deshoja la Violeta
entre lirios y laureles.
Desangrada cual lánguida 
ruina vegetal.

Se disipa la Violeta
 entre nieblas  sin rocío
mientras la tarde la mira
burlada, sucia, contrita.

Se lamenta violetina
despechada en su candor
entre quejas  y lamentos 
por la marcha de su amor.

Va cuitada por caminos
digitales sin verdor
busca besos busca rosas
en su vida no hay color.

Sentadina en la estación 
pies colgando en el andén 
mira a un lado mira a otro
pudiera verle volver.

Espera  en pausa Violeta,
al caminante de espuma
el mundo de fuera le abruma
mientras la vida se aquieta.

.




martes, 6 de agosto de 2019

MI QUERIDO ATRIL



Y una se cree que sabe más que la justicia.
Se infla cual pecho paloma creyéndose la diosa suprema del Olimpo. Recreándose en la propia vanidad como si atesorara  todas las virtudes, las mismas que el hada madrina de la Bella durmiente le regaló a su ahijada  a los pies de la cuna antes de que la bruja piruja les aguara la fiesta con sus malos augurios.
Rezuma grandeza la artista.
Ondea melena.
¡Uea súper! Ahí vamos.
Pero él está ahí. Desafiante. Envarado. Firme cuál poste de telégrafos. Para recordarle que no es ni tan diosa ni tan suprema. Una vez más se resistirá a dejarse hacer. Huirá de sus manos suaves resistiéndose a sus encantos. Le hará enfrentarse a su propia ignorancia, a su falta de pericia haciéndola caer en la cuenta de su limitación. Y ella se dará de bruces con la impotencia de no saber algo tan elemental.
Él frío, metálico, distante. Distraído y escurridizo.
Ella insistente, obcecada, a ratos desesperada.
Recordará aquel día en que otro hombre De Dios  vino en el  auxilio de aquella pobre música en apuros  obrando el milagro de que su metálico amigo desplegara sus alas para recoger la partitura que esperaba aburrida de tanto desatino.
Ese atril imposible que se resiste en cada ensayo y que viene a recordarle que aunque sea la directora del coro…¡es incapaz de desplegarlo y manejarlo!
Al final agradezco a mi metálico amigo su empecinamiento para dejarse hacer porque gracias a él recuerdo lo limitada que soy por mucho que me empeñe en llevar la batuta.
Menos mal que siempre me rodeo de gente que me quiere y disculpa  y que además  es infinitamente mas sabia que yo.

Dedicado a mi coro La Estación con cariño por su
paciencia. Y a mi atril, por supuesto, que tan buenos momentos nos está proporcionando por
mi necedad en su manejo.

viernes, 2 de agosto de 2019

GIMNASIOS



GIMNASIOS 
Por Marta Redondo.

La reunión de taichi es mañana a las cinco.
Ese era el contenido que desvelaba el número uno en rojo colocado sobre el icono de Whatsapp.
En el gimnasio. Aclaraba.
¡Quién lo hubiera pillado en aquellos tiempos mozos en que no teníamos de eso! Cuando no había más gimnasios  que las carreras matutinas por el camino que discurría paralelo a la vía del tren, ni más deporte que los partidos de futbito en la cancha del instituto o las panzadas de agua en pandilla en el pozo “Chusco” en los atardeceres del Torío. 
Pero hoy los imperativos que nos han traído las ansias repoblatorias ante los desafíos de la España rural vaciada requieren medidas urgentes también en materia de hábitos de vida saludable, ocio y bienestar. Así que no podía faltarnos un gimnasio en el pueblo, que la piscina ya la tenemos hace tiempo. Mobiliario deportivo que, como reza la célebre tonada de Villabalter, gozamos “como los de la ciudade”.
 Y el nuestro es un gimnasio en condiciones, a la manera de aquellos centros de entrenamiento griegos. Aunque aquí  no va la gente desnuda -gimnasio proviene del griego gymnos, que significa desnudez- y es que así era como entrenaban aquellos atletas griegos para exhibir los atributos físicos de toda índole. Así que no creamos que lo del uso de tanto auxilio y potingue para realzar a la Afrodita o Hércules de turno es cosa novedosa. El culto al físico imponente se viene cultivando ya desde antes de Cristo. Baste recordar los cánones de belleza representados en la Venus de Milo o el discóbolo de Mirón. Aunque tales figuras de héroes, dioses y diosas pululan hoy encarnadas por nuestros gimnasios sudorosas y jadeantes paseándose entre máquinas y aparatos deportivos para envidia del resto de los mortales que nos afanamos por emularlas  de mil modos, tales como corriendo como hámsteres  en estampida sobre las cintas transportadoras de sueños.
Otra de las virtudes de  estas  auténticas instituciones  era  ser punto de encuentro para filósofos. En aquellos tiempos los griegos consideraban la actividad física incluso superior a la retórica y la gramática, y procuraban, en su afán por buscar una educación integral, dotar estos espacios de encuentro de las comodidades necesarias para propiciar tertulias y especulaciones varias . Y en eso también se parecen nuestros gimnasios. No hay más que quedarse tendido en la sauna para que lo divino y lo humano fluya  de los labios de los usuarios con la misma fluidez que los efluvios humeantes que relajan mente y espíritu. Que si la mujer no me entiende, que si el niño me suspendió, que carai con los pactos y la clase política. En fin, auténticos divanes de psicoanálisis a la par que  areópagos vaporosos.
  Son pues, lugares recomendables para gente sana y sociable pero qué quieren que les diga. En estos tiempos veraniegos no encuentro mejores gimnasios que las hermosas praderas rodeadas de montañas calcáreas preñadas de vida ni adivino movimientos más saludables que los de las  piernas deseosas de conquistar caminos y veredas o los de unos ojos que se embelesen enredados   en  las crestas de esos montes leoneses que son la envidia de cualquier Olimpo.


martes, 30 de julio de 2019

PRESENTACIÓN EN SHAMBALA


   El pasado domingo tuvo lugar una Presentación de libros . muy especial en un  lugar también  muy  apropiado  y propicio para el evento: el café bar Shambala. 
   Recuerdo la primera vez que descubrí este pequeño respiro cultural en Villalfeide. Uno de esos pueblos donde residen personas inquietas que aman sus lares y presumen de sus montañas. Tanto que son capaces de organizar arriesgadas aventuras deportivas invirtiendo grandes dosis de esfuerzo, sudor y creatividad.
   Y en este bar con enigmático nombre de ecos orientales y donde uno se siente en paz  se organizan eventos culturales gracias a la apuesta original de sus dueños, una joven pareja que ido más allá del mero café, copa y faria.
   Y allí se citaron el editor de Eolas ediciones, Hector Escobar, el veterano  viajero sabio oriundo de los Argüellos Ángel Fierro, que acaba de escribir Super  Flumina,  y el comprometido y brillante minero escritor y activista Juan Carlos Lorenzana que habló de sus Relatos mineros.
   Además de los libros se habló del pasado de la montaña del Torío, rodeados de unos montes repletos de un carbón que permanecerá expectante, del presente de una España rural  que han dado en llamar vaciada, circunstancia que aún se ha cebado más en estas tierras leonesas sojuzgadas a los caprichos de una centralista política autonómica,  y del futuro de estas cuencas y valles a los que extirparon los riñones y trasplantaron el corazón dejando un agujero tan negro como el de la boca de una mina.
   Así mismo se dialogó sobre  la necesidad de recuperar lo perdido, no tanto para reproducirlo sino para custodiarlo y valorarlo. Con los ojos puestos en esos cielos azules que se nos figuran un tanto verdes buscando la esperanza de un renacer.
  Entre los asistentes al acto gentes autóctonas deseosas de encontrar respuestas, valientes que han optado por quedarse a vivir en un medio rural que no siempre les acoge con generosidad, nostálgicos que ansiaban renovar recuerdos, veraneantes que sintonizan con las preocupaciones de sus compañeros de tertulia, y niños pequeños revoloteando como palomas mensajeras deseosas de dejar buenas nuevas.
  Una tarde de domingo de las que se recordarán en las duras jornadas invernales que llegarán más adelante.



domingo, 28 de julio de 2019

SENTIDO COMÚN LEONÉS

SENTIDO COMÚN LEONÉS 
Por Marta Redondo 
Colaboración 29 julio para La Nueva Crónica 





    Decía el Fuero de León promulgado allá por el 1017, en tiempos de Alfonso V  en el por aquel entonces vasto reino Reino leonés,”que cualquiera que intentase quebrantar, a sabiendas,  ésta nuestra constitución, quiera de nuestra progenie, quiera de otra, quiébrensele las manos, pies y cabeza, sáltensele los ojos, arroje los intestinos, y herido de la lepra y de la espada del anatema, pague la pena con el diablo y sus ángeles en la condenación eterna” . Y eso que de aquella no había cine gore ni nada por el estilo, aunque si sabemos que en el medievo en cuestiones punitivas no andaban con miramientos. Tal delicadeza normativa nos lo cuenta el también leonés Elías López Morán, notario y etnógrafo español oriundo de Canseco, en su libro Derecho consuetudinario leonés, editado por la Diputación Provincial de León, en aquella afortunada saga llamada Breviarios de la Calle Pez - castiza vía donde se encuentra la Casa de León - y coordinada por el grupo de estudios Gumersindo de Azcárate 

   Norma implacable sin duda esta del fuero. Tiempos recios aquellos en que la rigidez institucional se trasladaba también al entorno familiar en forma de vara y zapatilla. El miedo implacable a las iras celestiales mantenía al individuo recto como vela y no digamos a la individua.

   Tiempos en que los detentadores , custodios, y  garantes de la autoridad y el orden no se andaban con fruslerías de medidas correctoras  tales como trabajos en beneficios de la comunidad, acuerdos reeducativos o prácticas restaurativas. La finalidad de la disposición penal no era en absoluto  reinsertar.  Lo  importante era sancionar y de paso ejemplarizar al resto de los mortales. 

   Temeroso de un Dios que consideraban, seguramente porque no le conocieran demasiado, implacable y justiciero. Se lo pensaban mucho antes de conculcar norma alguna o al menos de hacerlo de una forma ostensible ante los ojos del resto del vulgo. Y si se aventuraban a pecar, con discreción. A nadie le apetecía pasarse la eternidad entre calderas infernales. Derecho divino y humano, pues, aparecían hermanados al considerarse a Dios como supremo legislador. Por eso el legislador del  Fuero legionense, al ponerse serio con los infractores, condena a la espada del anatema, que no es otra cosa que la pena de excomunión para el católico díscolo que sería apartado de su comunidad religiosa, lo cual era sinónimo de ostracismo y rechazo, por mucho que los católicos de bien quisieran lanzarle un capote al pobre apestado.

   La multitud y diversidad que colorea hoy nuestros paisajes urbanos y rurales condenaría hoy esa norma a una lógica obsolescencia por mucho que tuviera de consuetudinaria ya que además se daría de bruces con nuestra Constitución que en materia de derechos y libertades bien puede sacar pecho.

   Y es que  hoy el Derecho, aunque a veces sea un tanto perezoso y ande desbordado por tanto adelanto a bocajarro, presenta la flexibilidad necesaria para hacer frente  a cualquier comportamiento por muy deshonesto o deleznable que resulte.

 Seguramente todo sea una pura cuestión de tiento, cordura y una buena dosis de sentido común que de aquello también andaban sobrados nuestros ancestros, y si no juzguen lo que dispone en materia de cooperación: “Cuando un vecino tiene la casa ruinosa y determina destruirla para edificarla de nuevo (…) no es preciso que avise a los parientes y vecinos más próximos: en cuanto ven que los individuos de la familia interesada comienzan la demolición, abandonan sus propias labores y corren presurosos a prestarles desinteresada ayuda”


jueves, 25 de julio de 2019

QUO VADIS?



    La pasada semana me despedía  de Roma  agitando el pañuelo desde una de las colinas que la circundan. Pero ahora retorno para sentarme en un banco de Santa María de Trastévere considerada la Iglesia más antigua de Roma dedicada a la Virgen. En el retablo aparece en lugar destacado la imagen  de su Hijo  en uno de los iconos más antiguos que representan el rostro de Cristo. Mirándole vuelvo a escuchar aquel Quo Vadis  que Pedro le hizo   cuando el Apóstol huía del acoso de Nerón y se encontró al Señor cargando con la cruz. Pedro, avergonzado de su nueva cobardía, retornó a Roma para enfrentarse a su martirio.

     Contemplo esa imagen primigenia del rostro sereno del Salvador. Me pregunto por el destino de mi Iglesia, de nuestra Iglesia. Reflexiono sobre sus comienzos. La aurora de aquella también primitiva Ecclesia originaria. Evoco la visita que hicimos a las catacumbas de San Calixto. Lugar de enterramiento para los primeros cristianos. Una verdadera necrópolis situada a las afueras de Roma en una zona sísmica donde periódicamente se han venido produciendo los choques de placas tectónicas. Localización acorde con la situación de las  primeras asambleas cristianas Siempre abatidas por las persecuciones. Situación que tristemente no ha cambiado mucho ya que los Cristianos seguimos siendo la religión más perseguida.



Recupero la imagen de los lóculos que eran las tumbas  de aquellos primeros Cristianos considerados los más pobres entre los pobres. Térreos lechos mortuorios realizados no con finalidad defensiva o de ocultamiento sino con afán de encontrar una estancia serena en la espera de que el Padre bueno les abriera las puertas del cielo. Se elegía la tierra precisamente por su menor coste.

Vuelvo a mirar el rostro sereno de este Cristo pintado en madera   y comparo su mirada con la que me regala la Madonna de la Clemenza en el retablo de al lado. La Madre cuyo regazo parece custodiar a sus hijos en  actitud abierta y salvadora. El descanso del hijo que se aleja, el paño de la hija que llora, la tabla de la salvación de los que sufren, intercesora de Papas, obispos, sacerdotes y personas consagradas y laicos, abogada de sufrientes y moribundos, cómplice de misioneros y evangelizadores, madre adoptiva de huérfanos y desheredados, la última esperanza de los incrédulos que siguen porfiando por  encontrar respuestas. 

Sereno descanso en los ojos de Maria. 

Lo mismo que yo deseo a todos los oyentes desde mi ventana veraniega de hoy.

Paz y bien.

domingo, 21 de julio de 2019

CORRIENDO POR ROMA





Corriendo por Roma.

Por Marta Redondo

Correr es una actividad física que no consiste solamente  en  ponerse a dar zancadas a destajo. Se reflexiona mucho. La mente se oxigena y activa.  A veces hasta se escribe mientras se corre. Y si no que se lo pregunten al escritor Murakami Haruki que incluso ha escrito un libro sobre este liberador deporte titulado “De qué hablo cuando hablo de correr”

Muchas personas tenemos el ritual de hacerlo cada vez que aterrizamos en un lugar nuevo. Yo acostumbro ahora a hacerlo sin cascos. Se escucha mejor el ritmo de las cosas.

Pienso que trotar ligeramente  es  una manera de pulsar el espacio, de conocerlo, y hasta de marcarlo. Un rasgo este último que compartimos con el resto de animales. Ellos se hacen presentes ostentando sus colores, nosotros con nuestras banderas. También se posicionan emitiendo signos auditivos como cantos o alaridos, nosotros mediante  himnos y tonadas locales que hablan de nuestra presencia y lugar de pertenencia. Pero a menudo   arribamos también   olfativamente. Los de otras especies animales se singularizan  mediante la orina con afanes demarcatorios. Nosotros gracias a la actividad de nuestras glándulas sudoríparas que actúan - a veces con creces  para desesperación del deportista y congéneres del mismo-  durante cualquier actividad física intensa como la de correr. Seguramente ese afán por delimitar nuestro sitio tenga que ver también  con el deseo de dejar huella de nuestro paso. 

Decía el escritor estadounidense R. Andrey que “territorio en sentido ecológico, es el espacio, sea acuático, terrestre o aéreo, que un animal o grupo de animales defiende como reserva primitiva segura. Y se denomina instinto territorial a la pulsión interna que mueve a los animales a poseer y defender tal espacio” . Pulsión que puede derivar en obsesión y si no que se lo pregunten a Puigdemon and company que estuvo a punto de acabar con la pax hispana con sus ínfulas soberanistas,  oa tantas familias enfrentadas por disputas  hereditarias, bandas urbanas que se pasean por las ciudades patrullando lo que consideran predios propios , vecinos enfrentados por discordias sobre linderos que han acabado a azada limpia, pueblos que desde tiempos inmemoriales se miran de reojo porque el cartel delimitador con el nombre de la población de turno ha invadido el territorio enemigo,  y tantos y tantos conflictos territoriales que han derivado en tristes carreras armamentísticas fratricidas.

Pero   será mejor hablar de  carreras pacíficas y placenteras. Esta semana corrí  por vías  romanas. Rodeada de un tumulto palpitante de vida. Expuesta a los temerarios conductores italianos para los que a menudo, los pasos de cebra no pasan de ser mera anécdota. 

Roma. Ciudad otrora caput mundi y conquistadora implacable. Cuyo fundador, Rómulo, fue gestado  por un dios y una virgen. Abandonado junto a su hermano Remo fueron  amamantados por una loba. Patria madre de un pueblo voraz territorialista. Imperio en cierto modo parásito  de la cultura griega. Pero precursores en  legislación e  ingeniería. Constructora  de templos y foros que hoy sólo son ruinas para deleite de turistas que vamos a recorrer y correr por sus bulliciosas calles eternas. 

LOS FANTÁSTICOS