viernes, 11 de mayo de 2018

UN BUEN PROFESOR DE RELIGIÓN


Ayer lo recordábamos en clase. Hace aproximadamente un año por estas fechas fallecía mi compañero Ángel. El profesor de Religión que impartía clases en el IES Eras de Renueva.

Cuando llegué allí para sustituirle me encontré con una legión de alumnos desolados por la ausencia y enfermedad de su profe de Reli. Ángel era una gran persona. Con impecable  profesionalidad sabiamente combinada con dosis de humor y paciencia sabía transmitirles a los alumnos los contenidos fundamentales de la asignatura. Era muy querido también por el claustro de profesores. Su entrega iba más allá de su horario. Trabajaba activamente  dedicando muchas horas extras a sacar adelante varios proyectos y programas en los que colabora el instituto.

Pero hay una cosa que sus alumnos siempre recuerdan de sus enseñanzas: las parábolas de Jesús.

Por eso ayer le recordábamos cuando analizábamos el cuadro del Buen Samaritano de Vicent Van Gogh. Les contaba el carácter autobiográfico que el pintor holandés había querido reflejar en el cuadro al verse recogido por los brazos de su hermano Teo que le salvó de la locura, al igual que aquel samaritano salvó de una posible muerte al hombre apaleado por los Ladrones. Analizábamos los elementos que aparecían en el cuadro: el sacerdote, el levita, el cofre vacío. Los alumnos permanecían callados. Se sorprendían al saber que el pintor fue muy poco valorado en vida por un padre que sólo veía en él defectos y fracaso. Fue la pintura la que le permitió expresar la belleza que atesoraba su corazón.
Tras visionar la parábola dialogamos sobre la enseñanza que Jesús había querido transmitir A través de la pluma del evangelista Lucas. La compasión activa hacia el prójimo. 

Entendieron muy bien la enseñanza. Claro que me lo habían dejado fácil porque han tenido un buen profesor de religión.

domingo, 6 de mayo de 2018

LA POBRE MARGARITA


Rodeado de princesas jóvenes, orquídeas majestuosas que ondulan al viento acariciandole con sus pétalos de terciopelo.
Camelias tiernas que hacen las delicias de las brisas marinas jugueteando con las cuentas de sus collares. 
Brillan a la par que halagan.
Por eso le gustan.
Y aquella es  pobre margarita soñadora que crece humilde en el recodo del camino.
Una flor a medio deshojar que sueña con ser Orquídea, camelia, viento y brisa.
Pero que sólo puede dejarse cimbrear bajo el vuelo de una pluma. La que dejó caer la gaviota antes de la última de las heridas.

UN APRENDIZAJE



Hablábamos de la muerte y las enfermedades. De las podas que sufrimos a lo largo de nuestra vida y del significado del sufrimiento.
Al fondo su mirada serena  reflexionaba sobre mis palabras para hacerlas suyas.
Ella acababa de sufrir un tumor cerebral.
Aún colean los ecos  de su enfermedad.
De vez en cuando falta a clase para ir a revisiones.

.- Dios no castiga.
.- Entonces Marta...tu que crees que es mi enfermedad...¿tu no crees que es un castigo De Dios?
.- ¿Y tú P...?¿Tu que crees?
.- Yo creo que es un aprendizaje.

Entonces se hizo un silencio religioso en la clase.
Los alumnos recogieron sus miradas. Momento único. De esos que atesoras para recordar a solas momentos únicos de esta profesión que apasiona.

ORNI




Deberías ver las rozaduras de mis talones.
Nunca quise decirte nada. Pero llevo años intentando soportar aquellos zapatos sólo porque dijiste que te gustaba vérmelos puestos.
También eliminé los calcetines blancos. Te escuché. No eran propios de un “tío” con clase. Eso es de “ornis” dijiste. El acróstico de objeto rural no identificado. Puñalada trapense la tuya. ¿O era trapera?. O tramposa. Como tú. Caí en tu red. Lo que te ponía era tener al paleto cerca bebiendo los vientos por ti y tu melena ondulante. Querías cuero legítimo pero te fuiste con el “pijo” de zapatillas de lona. Más yo sigo, calzándome a sangre cada mañana

viernes, 4 de mayo de 2018

MI MADRE, TU MADRE






   Cuanto más pasan los años saben mejor los recuerdos. Reliquias que cobijan retazos de nuestra niñez. Objetos que atesoran instantes únicos. Que evocan aromas de infancia como el bizcocho que hacía mi madre, el olor a río que acompañaba aquellas tardes de verano perfumadas de alijustres y brezos, la brisa marina que envolvía aquellos paseos por la bahía, el sordo pasar de las hojas de aquel best seller estival mientras nuestras pieles ingenuas se dejaban tostar por un sol irresponsable.

   Y enredado en todos ellos estaba mamá. Tu madre y la mía. Ausentes a la par que atentas . Delicadas, implicadas. Dispuestas y Serenas. Pacientes y cómplices al igual que esa madre celestial que protagoniza la leyenda de  La Virgen de las mandarinas que contó el Papa.
Es una tierra donde hay muchas mandarinas, ¿cierto? Y dicen que es la patrona de los ladrones (risas). Dicen que los ladrones van a rezarle. Y la leyenda – como la cuentan – es que los ladrones que rezan a la Virgen de las mandarinas, cuando mueren”.
   Luego “van a la fila ante Pedro que tiene las llaves, y abre y deja pasar a uno, luego abre y deja pasar a otro, y la Virgen, cuando ve a uno de estos les hace una seña para que se escondan y luego, cuando ya todos han pasado, Pedro cierra y se hace de noche y la Virgen desde la ventana lo llama y lo hace entrar por ahí”.
  Porque Madre no hay más que una... bueno en nuestro caso dos.
   ¿Recuerdas esa canción?
♬♬♬Tengo en casa a mi mamá pero mis mamás son dos en el cielo está la Virgen que es también Madre De Dios.♬♭♫♪♩

martes, 1 de mayo de 2018

SLOW LIFE






El título puede  sonar  a lento bailado suavemente a La luz  de la luna.
Pero es uno más de esos clamores  disidentes y a menudo sensatos que abogan por ralentizar, desacelerar, o echar el freno de mano en los casos más sangrantes a ese acelerado estilo de vida que hemos tenido a bien adoptar como habitual. 
En el tiempo de la inmediatez que nos tiraniza a golpe de whatsapp, Facebook, Twitter y demás redes sociales parecemos haber sucumbido a esa aceleración implacable que nos impulsa a contestar todo inmediatamente enfadándonos porque nos dejan en leído o porque el interlocutor virtual no atiene instantáneamente cualquiera de nuestros requerimientos digitales.
Secuestrados por la prisa cedemos a la impaciencia y nos dejamos vencer por un desasosiego enfermizo que nos lleva a ninguna parte.
Y en ese contexto triunfan el postureo, y el exhibicionismo que da rienda suelta a nuestra vanidad. Una competición  frenética que también tiene su traducción en nuestra salvaje manera de administrar los recursos. El acelerador nos lleva a un consumo desaforado que tiene su traducción en una sangrante forma de administrar nuestro entorno natural. Más que usar exprimimos y devastamos.
Y en medio de este desenfrenado carrusel surgen voces como la del filósofo-economista Serge Latouche, abanderado de una revolución que denomina decrecimiento. Para él la palabra clave significa reducir la sobreproducción y el consumo en beneficio de formas de riqueza más saludable  para el ser humano como la amistad, o el cultivo de las relaciones familiares. Latouche afirma que si la felicidad dependiera del consumo seríamos intensamente más felices. Hoy - afirma- consumimos veintiséis veces más que en tiempos de Marx y sin embargo nuestras felicidad no es igualable a nuestro ritmo de compra y bienestar meterial.
Sus reflexiones hacen verdad aquella visión de Gandhi que decía que el mundo es lo suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos pero demasiado pequeño para satisfacer las avaricias de unos pocos. Ya lo dijo Jesús de Nazaret hace tiempo: “No llevéis nada para el camino: ni bastón ,  ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco llevéis túnica de repuesto”. Bien conocía el Maestro la tendencia de los suyos al acaparamiento desmedido.
Slow life, vida pausada, como la de una canción suave. Bailando con cadencia y suavidad...como aquellos lentos de antaño...a media luz.



domingo, 29 de abril de 2018

DÉCIMA A LA DULCE MEMORIA DE CIFONTANAS


Parafraseando a Calderón
en su célebre composición
titulada la vida es sueño
que el hombre escribió con empeño
queremos contar una afrenta
que a los ciudadanos enfrenta
quiere también ser queja
sin perder su moraleja.
En este rincón os la dejo.
No os moféis mucho del pendejo.


Cuentan de una rubia que un día 
 tan pobre y mísera estaba 
que sólo se sustentaba 
con las cremas que choraba. 
¿ Habrá otro ser se decía 
más pobre y mísero que yo? 
Más cuando el rostro volvió 
halló la respuesta viendo 
 a un expediente sufriendo
porque alguien le maquilló.

LA MARCHA RADETZKY

  https://www.lanuevacronica.com/opinion/marcha-radetzky_202037_102.html