Descubrir que lo cotidiano puede tornarse mágico cuando encuentras la compañía idónea, ser testigo de una metamorfósis con las que nadie cuenta, intuir una brizna de hierba tímida, trémula, en medio de un montón de estiércol que todo el mundo estima para mero abono, rescatar sueños, devolver instantes, secar lágrimas destinadas a regar suelos infértiles, doblegar caracteres indómitos para tornarlos en brisas fructíferas, recibir lluvias que resucitan, coleccionar sonrisas que alimentan. Todo eso y mucho más hacen que días como el de hoy no hayan sido tan malos como creía cuando empecé a escribir esta reflexión a modo de desahogo.
Belleza. Quiero captarte en esos instantes para apropiarme de un poco de eternidad...
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