El miércoles faltó por enfermedad la profesora de filosofía en mi instituto. Me tocó sustituirla. Mi compañera les había dejado un texto de Santo Tomás de Aquino para que lo comentaran a los de 2 de Bachillerato y nos pusimos a ello. No era de los sencillos, la filosofía tomista casi nunca lo es. Pero en resumidas cuentas venía a decir que los seres humanos tenemos un conocimiento limitado porque cada uno de nosotros somos tan solo una parte de un todo mucho mayor, de una realidad abarcante que nos envuelve, y que llevamos impresa en el entendimiento. Esa realidad es Dios. Un océano formado de múltiples gotas cada una de las cuales aporta su ser.
El tema dio mucho juego para hablar de la existencia De Dios, del cuerpo y del alma. De la eternidad. De la capacidad de los hombres y mujeres para llegar al conocimiento De Dios a través de la contemplación de la creación.
Me impresionó la profundidad de aquel grupo de alumnos y su modo de filosofar en pleno reinado de la inmediatez y lo digital. Esperanzador, pensé, no hemos perdido la esencia pensante del ser humano.
En un momento de la reflexión me preguntaron si era creyente.
No pude resistirme a contestarles. “Pues sí, cada día más”.
Y uno de ellos contestó, qué suerte tener Fe.
Listos los chicos.
Belleza. Quiero captarte en esos instantes para apropiarme de un poco de eternidad...
viernes, 21 de enero de 2022
UNA CLASE DE FILÓSOFOS
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