martes, 30 de agosto de 2011

JMJ: LOS ECOS DE UN MILAGRO








He visto riadas de jóvenes sonriendo, cantando, posando para ser fotografiados en actos de hermanamiento ante las banderas respectivas, mojándose animadamente bajo los chorros de las mangueras que los bomberos nos dirigían con el afán de calmarnos de unos implacables 40 grados. He visto hordas de peregrinos avanzando hacia Cuatro Vientos entre el polvo de un camino seco y estéril aspirando recibir el maná de la Palabra, les he visto cantar con entusiasmo coreando la figura de un anciano sabio a sabiendas de que ese hombre representaba Algo Más. He visto calor humano, fraternidad, comunión, generosidad, delicadeza, capacidad de sacrificio, voluntad de culminar una ocasión única, comprensión ante las dificultades. He visto solidaridad. Durante mis días en la Jornada Mundial de la Juventud he descubierto que hay mucha gente buena y que el mundo es un buen lugar para trabajar y vivir. Me he descubierto en la multitud, rodilla hincada mientras las piedras se me clavaban en la rodilla, adorando a Cristo Resucitado, el Único Responsable de que casi dos millones de locos maravillosos le estuviéramos diciendo al unísono ¡Aquí estoy Señor, haz de mi lo que quieras!.

lunes, 22 de agosto de 2011

La Jornada Mundial de la Juventud. Mi mejor regalo.




Lástima de la limitación que el lenguaje impone ante el aluvión de sentimientos y emociones vividas. Sobre la mesa al regreso me encuentro con las acreditaciones que nos entregaron por ser familia de acogida, y pienso en nuestros "hijos adoptivos" Thibault y Alain, dos jóvenes de la Diócesis francesa de Trois, el primero seminarista, el segundo un joven inquieto y dicharachero en búsqueda. Les llevamos en el corazón desde que nos despedimos tras la Eucaristía de envío en la explanada en la Virgen del Camino. Sobre el pecho llevo la cruz que nos entregaron en la mochila en IFEMA, una auténtica medicina llamada "nadie tiene Amor + grande". Y es que en estos días vividos el Amor ha inundado Madrid y a todos los que acudimos allí. La risa ha sido moneda de cambio en los parques, en las grandes avenidas de Madrid, cuando nos cruzábamos en el metro y jaleábamos con vivas el país de procedencia del joven extranjero que se encontraba a nuestro lado. La oleada de banderas que lejos de separar han sido hilos conductores de vítores e instrumentos de hermanamiento cuando no pretextos para fotos e intercambio de regalos: signo de la auténtica comunión que puede existir entre todos los católicos, entre todos los hombres.
He visto a un Padre humilde, serenamente feliz, deseoso de estar en un segundo plano, oculto tras la grandeza de un Cristo custodiado y venerado en medio de un impactante silencio (dos millones de peregrinos adorando al Señor). Benedicto XVI nos ha dejado un claro mensaje Jesús es el centro, a Él debemos volver los ojos, Él debe ser el centro, el referente, el norte, el Camino.
La jornada en cuatro vientos fue perfecta imagen del devenir humano: travesía sofocante a más de 40 grados por un camino de asfalto antes de llegar a cuatro vientos, dificultades para acercarse al recinto, viento racheado con lluvia abundante....en fin la vida misma. Pero en medio de esto los gestos de esperanza: las mangueras con agua que los vecinos derramaban sobre nosotros para aliviarnos del sofocante calor, las sonrisa de ánimo que los peregrinos nos dirigíamos, la mano amiga que ofrecía agua, los amigos brasileños como Camila que bajo la lluvia nos regalaban un montón de detalles de su Brasilia natal. ¿Quien dijo que la relación de confraternidad, alegría y generosidad de los primeros cristianos es algo idílico?. Pues bien, yo he vivido esta relación. Ahora se que es posible, y también se y estoy plenamente convencida de que Cristo está vivo, de que Benedicto XVI es Pedro, piedra sobre la que el Señor quiso edificar su Iglesia y de que las puertas del infierno nunca prevalecerán sobre ella. ¡Gracias Señor por este regalo!

viernes, 12 de agosto de 2011

ANTE LA PRÓXIMA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

Fotos de los peregrinos franceses saludando. Se albergarán en las casas de los receptores leoneses.


... Y por fin llegaron. Llevamos días esperando su llegada. Imaginando sus risas juveniles y sus rostros expectantes. Vienen de la vecina Francia, ciudad de Troyes, cerca de la región de Champagne, cuna del célebre Charles de Gaulle. Ocuparon pacíficamente la habitación de la peque. El Señor nos ha querido hacer un regalo, uno de nuestros amigos es seminarista, desde hoy le tendremos presente en nuestras oraciones para que culmine su proyecto de vida con éxito si el Señor así lo tiene dispuesto. Nuestro deseo es que nuestros nuevos amigos y todos los jóvenes que han llegado a León se encuentren en esta Jornada con el Señor, que escuchen su palabra a través de los mensajes que Su Santidad nos comunique, que compartan la fe con otros hermanos, que descubran la riqueza y belleza de nuestra Iglesia, que descubran que Jesús es el único camino para encontrar la libertad y la felicidad en este mundo y en el que nos tiene preparado.

JMJ: ojos y corazones nuevos



Rafael Navarro-Valls. Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y Secretario General de la Real Academia de Jurisprudencia.


ZENIT.org, 11 julio 2011.
A pocos días del inicio de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), Madrid es la ciudad que más inscripciones ha recibido de jóvenes. Un buen augurio de lo que será esta Jornada, que se celebra 28 años después de la primera realizada en Roma. Es curioso que, entonces, la preocupación de los media se centró en una supuesta devastación de las zonas verdes, a manos (o a pies) de la “horda de jóvenes” que avanzaba sobre Roma. Uno de esos scoops catastrofistas que, a veces, suelta la prensa para luego suspirar aliviada al comprobar que todo quedó en una “pacífica invasión”, que alegró el corazón de los romanos y respetó las escasas zonas verdes de Roma.
La verdad es que estas Jornadas han sido las concentraciones más “oceánicas” que conoce la Historia. Por ejemplo, en la celebrada en Manila en 1995 cuatro millones de jóvenes se concentraron en esa ciudad de Extremo Oriente. En la última de Sydney, los reunidos superaron a los asistentes a los Juegos Olímpicos del 2000. Madrid espera entre millón y medio y dos millones de jóvenes.
¿Por qué Dios interesa a tanta gente joven, ya sea su heraldo un Papa reflexivo de 84 años como Benedicto XVI o uno más activo como Juan Pablo II? En varias JMJ se ha entrevistado a muchos de los asistentes sobre ese extremo. Las respuestas más habituales han sido: 1) Nadie (ningún profesor, ningún familiar etc.) me había hablado con la claridad y exigencia del Papa; 2) No sé si estaré a la altura ética que nos está pidiendo ; 3) Haga o no haga lo que dice, “ese señor” (por el Papa) tiene razón .
Estas respuestas dan la razón a aquellos sociólogos que opinan que, en este siglo XXI, “Dios está en racha”. Es más, probablemente será “su” siglo. Lo será, entiéndaseme bien, en la medida en que sus portavoces —que normalmente actuarán en el contexto de las democracias, a las que parecen apuntar las grandes corrientes subterráneas del s. XXI— sepan despertar las sensibilidades dormidas que yacen en su trasfondo. Es sabido, que la opinión pública en las democracias suele ser una mezcla de sensibilidad para ciertos males y de insensibilidad para otros. Entre estos últimos, la mediocridad moral y otros valores espirituales dormidos en el torrente circulatorio de la sociedad.
Los jóvenes —y no tan jóvenes— que en agosto invadirán las calles de Madrid desean algo distinto del monótono mensaje de los ideólogos de turno, que sostienen que no hay bien ni mal: solo una densa bruma que envuelve en el relativismo moral acciones y personas. El Papa, probablemente, dirá exactamente lo contrario: frente a subjetivismo ético, hablará de verdades objetivas; frente a hedonismo consumista, insistirá en solidaridad y templanza; ante un horizonte cultural teñido de pesimismo, hará hincapié en la belleza de la verdad.
La importancia de esta nueva visita a Madrid de Benedicto XVI (tal vez la última que realice a España), radica en que, en esta ocasión, sus jóvenes interlocutores son una tierra especialmente ávida para absorber las afables —pero enérgicas— llamadas a despertar esos valores dormidos. Desde el valor de no sacrificar todo en el altar de la profesión (incluida la ética y el derrumbe de sus familias), hasta poner en marcha una revolución religiosa silenciosa, que muestre la global dimensión del iceberg de miseria espiritual que oculta una sociedad huérfana de estímulos morales.
Lo que se espera de la visita de Benedicto XVI es que disipe esa niebla de “malestar”, que se oculta tras la sociedad de “bienestar”. En una palabra, ayudar a recomponer ojos y corazones nuevos que superen la visión simplemente biológica del acontecer humano.

viernes, 29 de julio de 2011

UNA INVITACIÓN A ACUDIR A LA JMJ

Es el tercer bando que escribe Ruiz Gallardón a los ciudadanos de Madrid desde que es alcalde, hace ocho años. Este es el texto íntegro del Bando:

Muy pronto nuestra ciudad será escenario de un acontecimiento de repercusión mundial. Mas de un millón de jóvenes de todos los rincones del planeta acudirán a Madrid convocados por el Papa Benedicto XVI

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Durante unos días, ellos nos traerán la alegría que acompaña al visitante, la curiosidad que mueve sus pasos, la satisfacción que se siente al completar el viaje y alcanzar un destino largamente anhelado. El rico historial de bienvenidas que nos constituye nos dará entonces la oportunidad de volver a demostrar por qué somos una de las ciudades más acogedoras y cosmopolitas del mundo. Evocando unos célebres versos, podremos saludar a cada peregrino y, con Madrid en mente, decirle: “En cada mano que se tiende escribo tu nombre”.

Al recibir al Santo Padre y a quienes han respondido a su llamada, renovamos una tradición que, aunque reciente en el tiempo, ha ido arraigándose con fuerza, desde los días en que Don Enrique Tierno Galván entregó por vez primera al Sumo Pontífice la Llave de Oro de la ciudad. Después de habernos encontrado en tres ocasiones con Juan Pablo II, nos honramos ahora en proseguir esa tradición de las visitas papales con su sucesor en la silla de San Pedro, con motivo esta vez de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, para cuyo desarrollo Benedicto XVI ha tenido la generosidad de confiar en Madrid. Y del mismo modo que aquellos primeros viajes del Papa a nuestra ciudad forman ya parte de nuestra historia colectiva, el actual lo hará de la memoria venidera.

Como ciudadanos de una sociedad abierta que ve con simpatía a todos los hombres de buena voluntad, y que comprende a aquellos que comparten con nosotros el deseo de trabajar por un mundo mejor, abrimos, pues, de par en par nuestras puertas al Papa y a los jóvenes que aquí se han dado cita. Porque, pese a su historia, densa y antigua, Madrid es ante todo una ciudad de corazón joven, que se inspira a diario en una exigencia de justicia y un ideal de horizontes más anchos, y que por tanto valora el esfuerzo y el entusiasmo de quienes hacen de estas metas su objetivo vital.

La capital de España es ciudad para todas las razas, lenguas y credos, y por eso es el espacio de encuentro natural en el que todo empeño al servicio del ser humano es bienvenido. Desde esa tolerancia, que es el valor que define nuestra identidad urbana más profunda, y que reconoce y respeta la particular dimensión espiritual de cada persona, nos sentimos partícipes de la ilusión de aquellos que acuden estos días a compartir sus inquietudes con nosotros. Especialmente, por cuanto que la juventud representa siempre la garantía de un nuevo comienzo, que es el que trae consigo cada generación a la hora de afrontar sus propios retos, asegurando así caminos inéditos hacia un mañana más justo y esperanzador. Para Madrid representa un motivo de auténtico orgullo saberse parte de esa apasionante tarea de continua renovación, que se alimenta del empuje, de la sensación de descubrimiento y de la nobleza de sentimientos que son consustanciales a la juventud.

Nuestra ciudad aspira a ser estos días la viva expresión de este modelo de convivencia pacientemente forjado en el diálogo y el mutuo reconocimiento, en la convicción de que, con independencia de las creencias que libremente albergue cada persona, es mucho lo que se puede aprender cuando se está dispuesto a escuchar a los demás y a abrir el corazón a todos con sinceridad. Al mismo tiempo, Madrid quiere ejercer su responsabilidad de oficiar como anfitriona de este acontecimiento dando lo mejor de sí misma como prueba de gratitud por la confianza depositada en nuestras posibilidades de ser un genuino espacio de encuentro. El trabajo de miles de voluntarios que colaboran en la organización de los actos relacionados con la Jornada, el apoyo del Ayuntamiento y los servicios municipales comprometidos con ese fin, así como la contribución de otras Administraciones e instituciones públicas y privadas son expresión de esa actitud generosa que aspira al éxito de una cita que pondrá el foco de la atención mundial en nuestra ciudad. En consecuencia, tenemos la obligación, y sobre todo la vocación, de conseguir que el Papa, y todos y cada uno de los jóvenes que van a reunirse con él, se sientan parte integrante de Madrid, y la perciban como una ciudad joven, cercana y amiga.

Ciudadanos de Madrid,

os invito a hacer cuanto esté en vuestra mano para que la presencia de nuestros invitados constituya una experiencia grata y enriquecedora, para ellos y para nosotros, de tal manera que, después de estos días de celebración, cuando regresen a sus hogares, puedan difundir el nombre de esta ciudad como un sinónimo de calidez y de hospitalidad.

Santidad, jóvenes del mundo,

sed bienvenidos a Madrid.

Madrid, 28 de julio de 2011

EL ALCALDE

Alberto Ruiz-Gallardón

lunes, 13 de junio de 2011

DIOS Y SUS COSAS I


Una amiga me ha pasado esta carta escrita por Pilar Rahola el pasado Domingo de Resurrección. Pilar se confiesa agnóstica pero demuestra una sensibilidad y respeto exquisitos hacia las personas creyentes a la par que describe a un Dios amor, al Dios que yo conozco y amo. Aunque ayer terminábamos el tiempo de Pascua creo oportuno reproducirla.


DIOS Y SUS COSAS

(Un texto de Pilar Rahola)

Dios y sus cosas, o más bien las cosas de aquellos que creen en Dios. En días como hoy, y más allá de gozar del tiempo festivo robado a la agenda, siempre recalo en la idea de la trascendencia divina. Y no tanto como una interrogación personal, porque hace años que descarté llenar con respuestas prefabricadas mis preguntas más hirientes. Prefiero militar en la duda, esa duda que aterriza en los miedos y en las soledades y que no da opción a ningún bálsamo.

Ciertamente, como he escrito en alguna otra ocasión, creer en Dios significa vivir y morir más acompañado. No es mi caso, porque, aunque me esforzara en aceptar algún tipo de dogma, siempre sabría que me estoy haciendo trampas al solitario. Los habitantes de la duda permanente nos llevamos mal con la fe y con sus intangibles.

Pero con independencia de la actitud personal hacia el concepto de Dios, estos días me parecen especialmente bellos para los que gozan de una fe sincera. Gentes que han construido grandes edificios de buenas acciones, porque creer los ha hecho más nobles y más humanos. Gentes que cuando rezan, aman, y amando dan algo de luz a los rincones sombríos del mundo. Va para ellos este artículo, cuya incapacidad para entender a Dios no lo inutiliza para entender a los creyentes.

Hace tiempo leí una reflexión de Bertrand Russell que me pareció sublime: “Si Dios existe, no será tan vanidoso como para castigar a quienes no creen en él”. Toda idea de la trascendencia espiritual reconvertida en tortura, dolor, infierno y cualquier sentido de culpa me parece tan tortuosa como incomprensible. No puedo entender de ningún modo ese tipo de fe que concibe un Dios castigador y punitivo, sin otra piedad que la exigencia de su dominio. Y reconozco que no me gusta la exhibición de martirio de los pasos de Semana Santa, quizás porque prefiero el Dios que renace el domingo que el que muere el viernes. La vida sobre la muerte. Pero con el Dios de las monjas de mi infancia, que enseñaba a amar al prójimo y dibujaba con renglones caritativos las líneas de la vida, con ese Dios me tuteo sin creer. Porque es la fuente de inspiración de gentes extraordinarias. Va por todos ellos.

Los que creen en los dioses de la vida y no en los de la muerte. Los que aprenden a entender a los demás, cuando aprenden a creer. Los que buscan respuestas sin imponer dogmas. Los que conciben sus creencias como una fuente de tolerancia. Los que ayudan a su prójimo porque lo conciben como su hermano. Los que gracias a Dios encuentran tiempo para construirse interiormente. Los que buscan dotar de trascendencia su paso por el mundo. Los que entienden que creer en Dios es creer en la ciencia. Los que tienen respuestas pero siguen haciéndose preguntas. Los que rezan porque aman. Para todos ellos, los creyentes del Dios del amor, feliz domingo de Resurrección

miércoles, 8 de junio de 2011

VOLAR NO ES IMPOSIBLE




Castillos En El Aire
Alberto Cortez

"Quiso volar igual que las gaviotas,
libre en el aire, por el aire libre
y los demás dijeron, "
"¡pobre idiota,no sabe que volar es imposible!"".
Mas él alzó sus sueños hacia el cielo
y poco a poco, fue ganando altura
y los demás, quedaron en el suelo
guardando la cordura.
Y construyó, castillos en aire
a pleno sol, con nubes de algodón,
en un lugar, adonde nunca nadie
pudo llegar usando la razón.
Y construyó ventanas fabulosas,
llenas de luz, de magia y de color
y convocó al duende de las cosas
que tiene mucho que ver con el amor.
En los demás, al verlo tan dichoso,cundió la alarma,
se dictaron normas,"
"No vaya a ser que fuera contagioso..."
"tratar de ser feliz de aquella forma.
La conclusión, es clara y contundente,
lo condenaron por su chifladura
a convivir de nuevo con la gente,vestido de cordura.
Por construir castillos en el airea pleno sol,
con nubes de algodón
en un lugar, adonde nunca nadie
pudo llegar usando la razón.
Y por abrir ventanas fabulosas,
llenas de luz, de magia y de color
y convocar al duende de las cosas
que tienen mucho que ver con el amor.
Acaba aquí la historia del idiota
que por el aire, como el aire libre,
quiso volar igual que las gaviotas...
,pero eso es imposible..., ¿o no?...

VÍSTEME DESPACIO QUE TENGO PISA