Gracias, Creador Discreto.
Por Marta Redondo para Cope León.
Viernes, 13 de marzo de 2026.
Era la última hora de una jornada laboral, en estos días en que los nudillos del trimestre ya sobresalen rojizos de bregar al final de trimestre, días en que comienzan a notarse los cansancios de los extremos. Cuando los días se han sucedido prolongando a veces en demasía, la paciencia, siempre escasa. Era el último suspiro del horario escolar del miércoles. Después de recorrer el pasillo, entré la sala de profesores. Allí estaba él. Contemplé a mi compañero observando los anuncios que pendían de los corchos informativos. Estaba absorto ensimismado y reposando en cierta actitud contemplativa. Le saqué de su ensueño. hola compañeros qué haces me sorprendió su respuesta por inesperada y por inusual. Estoy respirando la alegría de sentirme vivo es el profesor de religión que siempre tiene respuestas inusuales para todo. Quizá por la materia que toca cada día, rozando almas. Conizco su compromiso de vida y se actitud rebelde de singularizarse frente al resto pero no de una manera impostada. Simple y llanamente por compromiso y coherencia. Con esa discreción que caracteriza a los seguidores de un Dios. Porque Dios es discreto me permitirán que comparta con ustedes la oración de un jesuita que me acompañaba en una uno de estos días por la mañana en la oración.
El sacerdote jesuita es Benjamín González Buelta y las dos últimas estrofas de su poema, Creador Discreto, rezan así: en su dosis exacta de luz y color de canto y silencio nos llega la vida sin notarlo don incesantemente tuyo trabajador sin sábado. Dios discreto, para que tu infinitud no nos espante, te regalas en el don en que te escondes.

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