sábado, 17 de septiembre de 2011

A MIS ALUMNOS DE MEDINA ¡LOS MEJORES!
















No es igual un sitio que otro como no son iguales unas personas que otras. Cada lugar y persona dejan una huella distinta en nuestra alma. Es época de cambios. Y ahora es cuando los recuerdos comienzan a agolparse nostálgicamente para hacer un poquito más difícil la adaptación. Y sois vosotros, mis alumnos del IES Emperador Carlos y del Gómez Pereira de Medina los que me estáis poniendo difíciles las cosas. Con vuestros mensajes y requerimientos en el Tuenti tocáis esa fibra sensible del corazoncito que enreda las cosas para no poder cerrar del todo la maleta.
Recuerdo el primer día de clase, vuestras caras entre socarronas y sorprendidos de que una leonesa se haga más de dos horas diarias para venir a daros clases de Reli.

Pero ha merecido la pena por conoceros y ver que la gente joven no es como la pintan, que tenéis más valores, más preguntas, más problemas e inquietudes de los que se creen. Que vuestros corazones vibran y se rebelan ante las injusticias, que sabéis ser solidarios con el colega que lo está pasando mál, que sois capaces de rezar ante un Sagrario habitado.

Gracias por regalarme vuestras confidencias, vuestras canciones favoritas, vuestras risas a destiempo, vuestros temores y vuestros sueños, vuestra autenticidad.

No olvidéis reservar un sitio para Dios en vuestra vida. Cristo es el amigo que nunca falla ¡os lo aseguro!

Os llevaré siempre en el corazón¡OS QUIERO! ¡ya sabéis donde me tenéis!.



Vuestra profe de "Reli"...Marta.

(Por cierto, en las fotos no estáis todos, no tenía fotos suficientes, pero os aseguro que en mi corazón os llevo a todos muy "amarradicos")

lunes, 5 de septiembre de 2011

REPOSANDO LA JMJ

Por José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

ARTÍCULO DE ECCLESIA DIGITAL

Han pasado ya dos semanas desde que terminó la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Madrid. En su transcurso, el evento generó 54.000 noticias en los teletipos de 108 países, a lo que se añade la gran cantidad de artículos posteriores.


En una lectura demasiado ligera, algunos han juzgado que este tipo de iniciativas sólo sirven para entusiasmar a los convencidos, y para encrespar más todavía a los contrarios… Sin embargo, pienso que una mirada más profunda nos ayuda a ver las cosas mucho más matizadas, hasta el punto de reconocer que “algo” se ha movido en nuestra sociedad con motivo de la celebración de la JMJ.

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Es cierto que algunos de los medios de comunicación se han centrado en las reacciones más viscerales; algunas de las cuales, por cierto, nos han parecido más propias de la famosa “niña del exorcista” retorciéndose al contacto con el agua bendita… Pero aun siendo cierta la existencia de estos círculos virulentamente anticlericales, pienso que el fruto principal de la JMJ no es perceptible desde las crónicas de brocha gorda.


En efecto, me han llamado la atención algunos artículos de calado, como el de Vargas Llosa, quien reconoce el signo transmitido en la JMJ, y concluye que en su día fue un error pensar que la evolución cultural hacia la modernidad resultaría incompatible con la fe religiosa. También me ha impresionado comprobar cómo algún periodista de crónica religiosa, que se había caracterizado por denostar de forma indisimulada la JMJ (“pastoral triunfalista”, “fuegos de artificio”, etc.), ha reconocido públicamente su equivocación, al comprobar los frutos producidos (según la encuesta de la consultora GAD3, el 81 % de los participantes reconoce haber reforzado su relación con Dios, y el 55% afirma haber avanzado en el discernimiento de su vocación). Yo también puedo dar testimonio de más de un sacerdote y religioso que había juzgado críticamente la JMJ y que había optado por no implicarse en su convocatoria, que se ha sentido positivamente “tocado” por una juventud admirable. Uno de ellos decía: “He visto de cerca a estos jóvenes, y tengo que reconocer que fuimos injustos al acusarles de ‘papalatría’”.


Ya antes de acudir a Madrid, los peregrinos de todos los rincones del mundo que convivieron unos días entre nosotros, fueron capaces de arrastrar a muchos jóvenes, e incluso a familias, camino de la JMJ. No olvidemos que los meses y las semanas previas a la JMJ, no era previsible una movilización de jóvenes españoles tan grande como la que finalmente se produjo. El número de inscripciones de peregrinos de los demás países era muy numeroso, pero no así el de los españoles. Pues bien, una de las explicaciones de esa asistencia de cerca de dos millones de jóvenes en Cuatro Vientos -como apunte orientativo, las compañías telefónicas han servido el dato de que en el recinto de Cuatro Vientos, fueron 1.560.000 las terminales telefónicas que estuvieron activas- , que a todos nos ha dejado sorprendidos, la tenemos que buscar, entre otros factores, en la gran animación que los peregrinos venidos de todas las partes del mundo realizaron entre los españoles, los días previos a la JMJ. ¡¡Su alegría y madurez nos habían conquistado!!


Una vez más, como en tantos otros momentos de la historia de la Iglesia, comprobamos cómo la “catolicidad” (universalidad) de la Iglesia es sanadora de nuestras crisis locales. Un día fuimos nosotros quienes llevamos la fe al Nuevo Mundo. Ahora llega el momento de abrirnos humildemente a todos los carismas que puedan rejuvenecernos.


Si se me permite destacar una anécdota de mi estancia en Madrid, me llamó la atención que los taxistas con los que tuve ocasión de charlar durante esos días, subrayasen su asombro y alegría. (¡Siempre he pensado que el gremio de los taxistas es uno de los que más sentido común suele demostrar, por aquello de conocer la realidad social a pie de calle!). Me decía uno de ellos: Yo soy testigo de la degeneración progresiva que se ha producido en los últimos años, en la forma como los jóvenes viven el ocio por las noches… y sólo puedo decir que esta juventud que estamos viendo estos días me llena de esperanza… ¡Me gustaría que mis hijos recibiesen ese tipo de educación moral!. Yo le apunté que la clave de los valores de esa juventud no estaba tanto en la moral en sí misma, sino en haber descubierto a la persona de Jesucristo. ¡Sin Jesucristo y sin su Evangelio, es imposible una juventud así! El taxista calló y me señaló la imagen del Cristo de Medinaceli que tenía puesta en el salpicadero…


No quiero concluir sin hacer referencia a la imponente presencia del Orfeón Donostiarra en la JMJ. No olvidaremos nunca aquella tormenta de Cuatro Vientos, que nos dejó empapados en la celebración de la Vigilia nocturna, a la que siguió un impresionante silencio en el que adoramos a Jesucristo presente en la Eucaristía... Un suave y precioso canto se elevó en aquel momento: “¡Ave verum Corpus natum de Maria Virgine!” (¡Salve, verdadero Cuerpo nacido de María Virgen!)… ¿Cantaba el Orfeón Donostiarra o era el coro de los ángeles cuyas voces llegaban hasta nosotros?

martes, 30 de agosto de 2011

JMJ: LOS ECOS DE UN MILAGRO








He visto riadas de jóvenes sonriendo, cantando, posando para ser fotografiados en actos de hermanamiento ante las banderas respectivas, mojándose animadamente bajo los chorros de las mangueras que los bomberos nos dirigían con el afán de calmarnos de unos implacables 40 grados. He visto hordas de peregrinos avanzando hacia Cuatro Vientos entre el polvo de un camino seco y estéril aspirando recibir el maná de la Palabra, les he visto cantar con entusiasmo coreando la figura de un anciano sabio a sabiendas de que ese hombre representaba Algo Más. He visto calor humano, fraternidad, comunión, generosidad, delicadeza, capacidad de sacrificio, voluntad de culminar una ocasión única, comprensión ante las dificultades. He visto solidaridad. Durante mis días en la Jornada Mundial de la Juventud he descubierto que hay mucha gente buena y que el mundo es un buen lugar para trabajar y vivir. Me he descubierto en la multitud, rodilla hincada mientras las piedras se me clavaban en la rodilla, adorando a Cristo Resucitado, el Único Responsable de que casi dos millones de locos maravillosos le estuviéramos diciendo al unísono ¡Aquí estoy Señor, haz de mi lo que quieras!.

lunes, 22 de agosto de 2011

La Jornada Mundial de la Juventud. Mi mejor regalo.




Lástima de la limitación que el lenguaje impone ante el aluvión de sentimientos y emociones vividas. Sobre la mesa al regreso me encuentro con las acreditaciones que nos entregaron por ser familia de acogida, y pienso en nuestros "hijos adoptivos" Thibault y Alain, dos jóvenes de la Diócesis francesa de Trois, el primero seminarista, el segundo un joven inquieto y dicharachero en búsqueda. Les llevamos en el corazón desde que nos despedimos tras la Eucaristía de envío en la explanada en la Virgen del Camino. Sobre el pecho llevo la cruz que nos entregaron en la mochila en IFEMA, una auténtica medicina llamada "nadie tiene Amor + grande". Y es que en estos días vividos el Amor ha inundado Madrid y a todos los que acudimos allí. La risa ha sido moneda de cambio en los parques, en las grandes avenidas de Madrid, cuando nos cruzábamos en el metro y jaleábamos con vivas el país de procedencia del joven extranjero que se encontraba a nuestro lado. La oleada de banderas que lejos de separar han sido hilos conductores de vítores e instrumentos de hermanamiento cuando no pretextos para fotos e intercambio de regalos: signo de la auténtica comunión que puede existir entre todos los católicos, entre todos los hombres.
He visto a un Padre humilde, serenamente feliz, deseoso de estar en un segundo plano, oculto tras la grandeza de un Cristo custodiado y venerado en medio de un impactante silencio (dos millones de peregrinos adorando al Señor). Benedicto XVI nos ha dejado un claro mensaje Jesús es el centro, a Él debemos volver los ojos, Él debe ser el centro, el referente, el norte, el Camino.
La jornada en cuatro vientos fue perfecta imagen del devenir humano: travesía sofocante a más de 40 grados por un camino de asfalto antes de llegar a cuatro vientos, dificultades para acercarse al recinto, viento racheado con lluvia abundante....en fin la vida misma. Pero en medio de esto los gestos de esperanza: las mangueras con agua que los vecinos derramaban sobre nosotros para aliviarnos del sofocante calor, las sonrisa de ánimo que los peregrinos nos dirigíamos, la mano amiga que ofrecía agua, los amigos brasileños como Camila que bajo la lluvia nos regalaban un montón de detalles de su Brasilia natal. ¿Quien dijo que la relación de confraternidad, alegría y generosidad de los primeros cristianos es algo idílico?. Pues bien, yo he vivido esta relación. Ahora se que es posible, y también se y estoy plenamente convencida de que Cristo está vivo, de que Benedicto XVI es Pedro, piedra sobre la que el Señor quiso edificar su Iglesia y de que las puertas del infierno nunca prevalecerán sobre ella. ¡Gracias Señor por este regalo!

viernes, 12 de agosto de 2011

ANTE LA PRÓXIMA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

Fotos de los peregrinos franceses saludando. Se albergarán en las casas de los receptores leoneses.


... Y por fin llegaron. Llevamos días esperando su llegada. Imaginando sus risas juveniles y sus rostros expectantes. Vienen de la vecina Francia, ciudad de Troyes, cerca de la región de Champagne, cuna del célebre Charles de Gaulle. Ocuparon pacíficamente la habitación de la peque. El Señor nos ha querido hacer un regalo, uno de nuestros amigos es seminarista, desde hoy le tendremos presente en nuestras oraciones para que culmine su proyecto de vida con éxito si el Señor así lo tiene dispuesto. Nuestro deseo es que nuestros nuevos amigos y todos los jóvenes que han llegado a León se encuentren en esta Jornada con el Señor, que escuchen su palabra a través de los mensajes que Su Santidad nos comunique, que compartan la fe con otros hermanos, que descubran la riqueza y belleza de nuestra Iglesia, que descubran que Jesús es el único camino para encontrar la libertad y la felicidad en este mundo y en el que nos tiene preparado.

JMJ: ojos y corazones nuevos



Rafael Navarro-Valls. Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y Secretario General de la Real Academia de Jurisprudencia.


ZENIT.org, 11 julio 2011.
A pocos días del inicio de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), Madrid es la ciudad que más inscripciones ha recibido de jóvenes. Un buen augurio de lo que será esta Jornada, que se celebra 28 años después de la primera realizada en Roma. Es curioso que, entonces, la preocupación de los media se centró en una supuesta devastación de las zonas verdes, a manos (o a pies) de la “horda de jóvenes” que avanzaba sobre Roma. Uno de esos scoops catastrofistas que, a veces, suelta la prensa para luego suspirar aliviada al comprobar que todo quedó en una “pacífica invasión”, que alegró el corazón de los romanos y respetó las escasas zonas verdes de Roma.
La verdad es que estas Jornadas han sido las concentraciones más “oceánicas” que conoce la Historia. Por ejemplo, en la celebrada en Manila en 1995 cuatro millones de jóvenes se concentraron en esa ciudad de Extremo Oriente. En la última de Sydney, los reunidos superaron a los asistentes a los Juegos Olímpicos del 2000. Madrid espera entre millón y medio y dos millones de jóvenes.
¿Por qué Dios interesa a tanta gente joven, ya sea su heraldo un Papa reflexivo de 84 años como Benedicto XVI o uno más activo como Juan Pablo II? En varias JMJ se ha entrevistado a muchos de los asistentes sobre ese extremo. Las respuestas más habituales han sido: 1) Nadie (ningún profesor, ningún familiar etc.) me había hablado con la claridad y exigencia del Papa; 2) No sé si estaré a la altura ética que nos está pidiendo ; 3) Haga o no haga lo que dice, “ese señor” (por el Papa) tiene razón .
Estas respuestas dan la razón a aquellos sociólogos que opinan que, en este siglo XXI, “Dios está en racha”. Es más, probablemente será “su” siglo. Lo será, entiéndaseme bien, en la medida en que sus portavoces —que normalmente actuarán en el contexto de las democracias, a las que parecen apuntar las grandes corrientes subterráneas del s. XXI— sepan despertar las sensibilidades dormidas que yacen en su trasfondo. Es sabido, que la opinión pública en las democracias suele ser una mezcla de sensibilidad para ciertos males y de insensibilidad para otros. Entre estos últimos, la mediocridad moral y otros valores espirituales dormidos en el torrente circulatorio de la sociedad.
Los jóvenes —y no tan jóvenes— que en agosto invadirán las calles de Madrid desean algo distinto del monótono mensaje de los ideólogos de turno, que sostienen que no hay bien ni mal: solo una densa bruma que envuelve en el relativismo moral acciones y personas. El Papa, probablemente, dirá exactamente lo contrario: frente a subjetivismo ético, hablará de verdades objetivas; frente a hedonismo consumista, insistirá en solidaridad y templanza; ante un horizonte cultural teñido de pesimismo, hará hincapié en la belleza de la verdad.
La importancia de esta nueva visita a Madrid de Benedicto XVI (tal vez la última que realice a España), radica en que, en esta ocasión, sus jóvenes interlocutores son una tierra especialmente ávida para absorber las afables —pero enérgicas— llamadas a despertar esos valores dormidos. Desde el valor de no sacrificar todo en el altar de la profesión (incluida la ética y el derrumbe de sus familias), hasta poner en marcha una revolución religiosa silenciosa, que muestre la global dimensión del iceberg de miseria espiritual que oculta una sociedad huérfana de estímulos morales.
Lo que se espera de la visita de Benedicto XVI es que disipe esa niebla de “malestar”, que se oculta tras la sociedad de “bienestar”. En una palabra, ayudar a recomponer ojos y corazones nuevos que superen la visión simplemente biológica del acontecer humano.

viernes, 29 de julio de 2011

UNA INVITACIÓN A ACUDIR A LA JMJ

Es el tercer bando que escribe Ruiz Gallardón a los ciudadanos de Madrid desde que es alcalde, hace ocho años. Este es el texto íntegro del Bando:

Muy pronto nuestra ciudad será escenario de un acontecimiento de repercusión mundial. Mas de un millón de jóvenes de todos los rincones del planeta acudirán a Madrid convocados por el Papa Benedicto XVI

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Durante unos días, ellos nos traerán la alegría que acompaña al visitante, la curiosidad que mueve sus pasos, la satisfacción que se siente al completar el viaje y alcanzar un destino largamente anhelado. El rico historial de bienvenidas que nos constituye nos dará entonces la oportunidad de volver a demostrar por qué somos una de las ciudades más acogedoras y cosmopolitas del mundo. Evocando unos célebres versos, podremos saludar a cada peregrino y, con Madrid en mente, decirle: “En cada mano que se tiende escribo tu nombre”.

Al recibir al Santo Padre y a quienes han respondido a su llamada, renovamos una tradición que, aunque reciente en el tiempo, ha ido arraigándose con fuerza, desde los días en que Don Enrique Tierno Galván entregó por vez primera al Sumo Pontífice la Llave de Oro de la ciudad. Después de habernos encontrado en tres ocasiones con Juan Pablo II, nos honramos ahora en proseguir esa tradición de las visitas papales con su sucesor en la silla de San Pedro, con motivo esta vez de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, para cuyo desarrollo Benedicto XVI ha tenido la generosidad de confiar en Madrid. Y del mismo modo que aquellos primeros viajes del Papa a nuestra ciudad forman ya parte de nuestra historia colectiva, el actual lo hará de la memoria venidera.

Como ciudadanos de una sociedad abierta que ve con simpatía a todos los hombres de buena voluntad, y que comprende a aquellos que comparten con nosotros el deseo de trabajar por un mundo mejor, abrimos, pues, de par en par nuestras puertas al Papa y a los jóvenes que aquí se han dado cita. Porque, pese a su historia, densa y antigua, Madrid es ante todo una ciudad de corazón joven, que se inspira a diario en una exigencia de justicia y un ideal de horizontes más anchos, y que por tanto valora el esfuerzo y el entusiasmo de quienes hacen de estas metas su objetivo vital.

La capital de España es ciudad para todas las razas, lenguas y credos, y por eso es el espacio de encuentro natural en el que todo empeño al servicio del ser humano es bienvenido. Desde esa tolerancia, que es el valor que define nuestra identidad urbana más profunda, y que reconoce y respeta la particular dimensión espiritual de cada persona, nos sentimos partícipes de la ilusión de aquellos que acuden estos días a compartir sus inquietudes con nosotros. Especialmente, por cuanto que la juventud representa siempre la garantía de un nuevo comienzo, que es el que trae consigo cada generación a la hora de afrontar sus propios retos, asegurando así caminos inéditos hacia un mañana más justo y esperanzador. Para Madrid representa un motivo de auténtico orgullo saberse parte de esa apasionante tarea de continua renovación, que se alimenta del empuje, de la sensación de descubrimiento y de la nobleza de sentimientos que son consustanciales a la juventud.

Nuestra ciudad aspira a ser estos días la viva expresión de este modelo de convivencia pacientemente forjado en el diálogo y el mutuo reconocimiento, en la convicción de que, con independencia de las creencias que libremente albergue cada persona, es mucho lo que se puede aprender cuando se está dispuesto a escuchar a los demás y a abrir el corazón a todos con sinceridad. Al mismo tiempo, Madrid quiere ejercer su responsabilidad de oficiar como anfitriona de este acontecimiento dando lo mejor de sí misma como prueba de gratitud por la confianza depositada en nuestras posibilidades de ser un genuino espacio de encuentro. El trabajo de miles de voluntarios que colaboran en la organización de los actos relacionados con la Jornada, el apoyo del Ayuntamiento y los servicios municipales comprometidos con ese fin, así como la contribución de otras Administraciones e instituciones públicas y privadas son expresión de esa actitud generosa que aspira al éxito de una cita que pondrá el foco de la atención mundial en nuestra ciudad. En consecuencia, tenemos la obligación, y sobre todo la vocación, de conseguir que el Papa, y todos y cada uno de los jóvenes que van a reunirse con él, se sientan parte integrante de Madrid, y la perciban como una ciudad joven, cercana y amiga.

Ciudadanos de Madrid,

os invito a hacer cuanto esté en vuestra mano para que la presencia de nuestros invitados constituya una experiencia grata y enriquecedora, para ellos y para nosotros, de tal manera que, después de estos días de celebración, cuando regresen a sus hogares, puedan difundir el nombre de esta ciudad como un sinónimo de calidez y de hospitalidad.

Santidad, jóvenes del mundo,

sed bienvenidos a Madrid.

Madrid, 28 de julio de 2011

EL ALCALDE

Alberto Ruiz-Gallardón

ECLIPSADAS