viernes, 4 de agosto de 2017

ENAMORADA DEL MAR



.- Enamorada del mar yo nací....tralalaaaaa....tralararíííí
Enamorada del mar y de ti.......tralalaaaaa....tralararííí

Siesta playera interrumpida.

Era una mujer menuda, sombrerito azul con una coqueta flor de tela cosida a un lazo que lo rodeaba. Estaba inusualmente sentada en la orilla pese a que a su edad cualquier otra permanecería dignamente sentada en silla o hamaca. Me acerqué ya desvelado para poder verla mejor y al mirarlos reparé en sus largas y elegantes manos llamativamente joviales.

.-¿ Guapa eh?

Me sobresaltó la irrupción de aquel hombre que vendía bebidas frías a voz en grito en la playa.

.- Ahí donde la ve y aunque zea mu vieja fue la mujé ma guapa de Punta Umbría. La trajo un ingeniero inglé de ezo de la mina. Dicen que zi ella ze metió por medio del matrimonio del. Ze conocieron en León y él ze la trajo a trabajar a Riotinto. Concha era cantante y noz volvía locoz a to con unoz ojoz verdez que quitaban el zentío. Llegaron un verano y fue un acontecimiento para todo el pueblo. Conchita era mu bonica...mucho... En otoño de aquel año llegó un día zu padre. Un viejo mu raro que ziempre andaba con un metro midiendo a todo bisho viviente pa ver cómo tenía que ser el ataúd. Decían que zi había zio enterradó...Eztaba loco. A lo mejor por ezo la pobre Conchi anda azín ahora. Ya no recuerda ni zu nombre....zolo eza canción...Zu marido apareció un día muerto en el mar, flotando como un pezcao...el hombre bebía...no ze zi serían mu felicez.

Mientras el hombre seguía hablando, su incontinencia verbal propició mi dispersión visual revoloteando en busca de historias.

Al lado de la anciana, unos metros a la derecha y casi alineado con la anciana un niño hería la vista de puro blanco. Su lánguido pelo dorado caía inerme sobre un rostro inexpresivo. Reposaba en una silla anatómica. Aquel niño, cuyo cuerpo se contraía de manera involuntaria cada cierto número de segundos, no tenía edad. Sus miembros, retorcidos en un amasijo desordenado, apenas le permitían mantener la carta de naturaleza de ser perteneciente a la especie humana.

.- Ozú cómo está la creatura ¿eh?. Puez zi uzté la llega a ver antez en todavía andaba pior. Eztuvo un año en el hozpital. Gente mu humilde zuz padrez. El tratamiento era mu coztozo. Pero el inglé, el marido de la Concha movió Roma con Santiago pa sacar dinero pal Adrián. Hicieron una campaña pa zacar dinero por intelné. Crofondin me paice que llaman a ezo. Y le zalvaron. Dicen que el inglez era el padre de la creatura pero que nunca hizo mucho por ella. Pero ya zabe uzte zeñó. En loz puebloz decimoz mushaz Cozaz.

Aquel hombre del carrito era realmente inagotable. En su cabeza residía el archivo secreto de todos los habitantes de Punta Umbría. No quise parecer descortés y le dirigí la mejor de mis sonrisas en agradecimiento por el rato de conversación.
Me acerqué a la orilla para dejarme empapar por la travesura de las olas juguetonas.
Y miré los ojos de la anciana, color celeste, juguetones ¡cuánta vía residía en ellos!.
A su lado Adrián languidecía inerte al otro lado de unos ojos cristalinos de pez.

Nuevamente la mujer volvió a cantar aquella canción sobre el mar.
Los ojos del niño brillaron por un instante devolviendo al niño su condición humana. Ojos celestes idénticos al de la cantarina mujer de mente extraviada.

Me alejé rápidamente huyendo de la mirada del vendedor ambulante. No fuera a ser que su mente descubriera también los secretos de mi alma.