domingo, 20 de agosto de 2017

DEAD JAZZ



Baby...¿qué he hecho?
Baby...¿qué he hecho.

El corazón se le iba a salir por la boca.
La mano ejecutora le temblaba con la agitación de una polilla que ha quemado sus alas en la bombilla de una farola.
Allí estaba Lee, su hombre, tendido en el suelo convulsionándose mientras la sangre emanaba a borbotones recorriendo con lentitud su camino mortal.
La macabra escena aparecía y desaparecía ante sus ojos iluminada intermitentemente por el neón de aquel letrero que rezaba "Slugs", el club de jazz neoyorquino.
Aquella noche Helen no tendría que sermonear  a su marido al verle nuevamente los párpados caídos tan característicos de Lee tras haberse hincado el fuego blanco en las venas. El pico de caballo, al contrario que a otros, a Lee le desbocaba.

Tras el disparo vino el desplome del músico de jazz. Y el impacto sobre el pavimento hizo que el estuche se abriera liberando la trompeta. El instrumento rodó por el suelo exhalando el último suspiro metálico.

Ahora que te empezaba a sentar la metadona todo nos iba a ir bien cariño...¿por qué tuviste que enredarte con esa zorra?¿que te daba ella que no te diera yo?...seguro que ella no hubiera hecho lo que yo hice para desempeñarte la trompeta que vendiste para darte picos.

Alguien le agarró fuertemente de los hombros. Helen no opuso resistencia cuando el policía le arrebató la pistola aún caliente. 

Mientras se la llevaban en la furgoneta blindada, el último destello de "Slugs" le devolvió el refulgente brillo metálico del alma del músico  que quedaba desparramada en el suelo entre notas muertas.

sábado, 12 de agosto de 2017

TE PROMETÍ UN JARDÍN

RELATO GANADOR EN EL TERCER CONCURSO POÉTICO-LITERARIO ORGANIZADO POR LA ASOCIACIÓN OCIO-CULTURAL NAREDO.
Patrocinado por el Instituto Leonés de Cultura y la Excma. Diputación de Leon









.- Dicen que en los próximos años la palmaremos setecientos. Así que no te extrañe que estén haciéndose dos a la vez. Cuando menos te lo esperas…¡zas! ¡Ahí la tienes!. Aquí no se queda ni el tato Chuchina.

Los ecos de las voces de sus amigas se colaban con nitidez a través de los oídos de la mujer mientras apuraba las últimas gotas de la pequeña regadera metálica. Había que aprovechar el agua. La presa cerrajera no venía muy exultante ese año. Las lluvias habían sido escasas y el Torío no venía pródigo en caudal. Por lo demás aquel pequeño vergel situado a la cabecera de la ermita de Nuestra Señora de Boinas bien merecía sus desvelos ya que detrás de aquellos rosales, margaritas, lirios y azucenas...detrás de todos aquellos pequeños regalos florales estaba él.

Levantó sus ojos entretejidos de arrugas. Tan recosidos de surcos que hundían sus pupilas celestes ,otrora espectaculares, en unas cuencas infinitas. Y dejó perder su vista en la lejanía descansándola en los montes. Allí estaba imponente la Peña Galicia. Su orografía semejaba la espina dorsal de un gran dragón, como aquellos que protagonizaban los cuentos que la abuela le contaba de pequeña.

De pronto se vio sobresaltada por el sonido de los jadeos y zancadas de un grupo de corredores que atravesaron la explanada como si de una manada de corzos se tratara. Corrían libres, vigorosos y fuertes. Plenos de vida.

Por eso le gustaba también venir cada día a la ermita. Para encontrarse con los vecinos del valle. Lo mismo aparecían por allí Sinda la de Robles, la cuchipanda de octogenarias de Naredo, o la pareja de los de Seprona a la caza de algún pescador 

Y es que a su edad no era buena la soledad. Bueno, la soledad nunca fue buena para nadie. Y a ella siempre le gustó la compañía. Sobre todo alguna. Su físico prominente de mujer sensual siempre atrajo las miradas masculinas. Y eso bien lo sabía su Cosme desde el mismo día que se hicieron novios. La conoció asomándose al balcón de su escote y bien pronto supo que era un balcón demandado. Pero Pili siempre fue así. Desinhibida y natural. Nunca hubo doblez en sus gestos y ademanes. Ella era tal cual. Arrolladora por naturaleza. Las alegres comadres de la Valcueva encontraban en ella siempre fuente de inspiración para comentarios varios en las largas tardes de verano sin necesidad de mirar telenovelas.
Pero eso Cosme lo sabía cuando se casó con ella y también cuando montaron juntos el bar en Pardavé.
A Pilar le gustaba ceñir sus generosas carnes en vestidos que exaltaban sus encantos femeninos. Ya de estar encerrada entre cuatro paredes, muerta de asco, y ahogada entre densos humos y juramentos tahúres,  compensar un poco tanta frustración sintiéndose la reina del mambo bajo las miradas de aquellos fantoches que les daban de comer. Pero luego nada de nada. Los celos y el carácter del Cosme eran conocidos en todo el valle. Así que todo quedaba en mirarás pero no tocarás. Mientras tanto el antiguo minero se dejaba consumir por unos celos que reventaban y paralizaban la paz familiar al dictado de gritos y reproches.
Un día a Cosme se le fue la mano y Pili recogió los bártulos emigrando al sur en busca de clima cálido lejos de aquella atmósfera tan negra como el carbón que anidaba en las entrañas de sus montes.

Fue entoces cuando comenzó la asombrosa transformación del joven minero. Del enojo pasó a la ira. Cuando le preguntaban por Pili respondía encogiéndose de hombros como aquel a quien consultan naderías de escaso interés. Pero la indiferencia dio paso a una profunda tristeza que se instaló de manera permanente en sus ojos y en su alma. Imperceptible a simple vista, como el grisú que se agazapa en cualquier capa y aparece cuando menos te lo esperas. Paseaba por los caminos acongojado por una nostalgia que le taladraba el alma. Y llegaba a la ermita de Boinas. Y se sentaba en el banco, cruzaba las manos y jugueteaba durante horas moviendo  en círculos ambos pulgares.
Fue un día durante ese extraño ritual dactilar cuando se acordó de que allí se guardaba la imagen de aquella Virgen que tantas veces había llevado en andas desde niño durante la fiesta de la Asunción. Observó la ventana a través de la que se entreveía la imagen y el suelo yermo que reposaba a sus pies. Se quedó pensando…
Al día siguiente comenzaron las pesquisas y llamadas telefónicas. A las dos semanas viajó a Valencia. Removió Roma con Santiago y la encontró. Y comenzó la reconquista no exenta de chascos y desplantes. Después de dos años en tierras del Cid ambos volvieron a pasar el primero de muchos veranos posteriores a Naredo.Con el tiempo la familia creció.
El primero de los veranos Cosme llegó un día de León cargado de tierra y flores. Son para la Virgen dijo. Y el terreno lindante a la cabecera de la ermita dejó de ser árido y yermo.
Cada verano Cosme se afanaba en reconstruir el pequeño vergel que los rigores del invierno habían demolido. Luego lo regaba con cuidado de la misma manera que su mujer estaba haciendo aquel día por primera vez desde que el lo plantara.

 Una lágrima azul se dejó caer por el arrugado rostro de la anciana. Era el primer año sin Cosme. El verano anterior su marido había muerto en la Iglesia mientras rezaba despacito  el Ave María 

.-¡Pili hija,! ¡Que ya hace frío y nos quedamos heladas! . A ver si te vas a poner mala y a pillar una pulmonía. ¡No quieras ser la primera de los setecientos esos en estrenar el Tanatorio de la Estación!




jueves, 10 de agosto de 2017

PATERAS





Pedaleábamos desenfadadamente desafiando al mar, el sol bañaba nuestros rostros y el viento nos regalaba caricias que agradecíamos después de un caluroso día. La Luz sobre el mar nos alimentaba de sueños y quimeras. La pequeña disfrutaba del tobogán a bordo de la pequeña barca de pedales.

Paz, placidez, olvido y disfrute.

Una vez finalizado el tiempo de disfrute nos acercábamos a la orilla jocosos.

Nos cruzamos con otra barquito repleto de niños. Les saludamos entre bromas.

Alguien desde la otra embarcación dijo. ¡Como en las pateras!

El resto de los embarcados rieron.

Entonces la risa se tornó tristeza y de pronto la orilla se me hizo lejana y eterna.

miércoles, 9 de agosto de 2017

LA SONRISA DE ZENOBIA






Conversaban en animada charla literaria un grupo de poetas en la residencia de estudiantes. Siempre acudían a Juan Ramón buscando la pulcritud de la forma. El poeta de Moguer sabía depurar poesía como nadie. Tachaba y tachaba, cercenaba versos, pulía sintaxis, decapitaba historias. Sus amigos temían aquella pluma inquisidora que sin embargo buscaban a la hora de revisar sus textos. Juan Ramón era el más sublime de los poetas españoles del momento.

De pronto su pluma se paralizó dejando de realizar trazos. Presuroso giró el rostro buscando el origen de aquella sonrisa. Era una risa irisada, juguetona. Era murmullo y torrente. En ella bailaban las notas de una canción eterna. La muchacha congregaba a su alrededor las miradas. Una hilera de perfectos dientes acompañaba su alegría cantarina.

Y el rumor de su risa comenzó a acompañar sus poemas, que se convirtieron en seducciones insistentes para tratar de conquistarla. Fue tras ella cuando su madre se la llevó a Estados Unidos huyendo de un futuro incierto al lado de un pobre escritor. Y fue el paisaje que dibujaron mientras juntos traducían los versos de Tagore. Y fue bálsamo en las noches de dolor que siguieron a la muerte de su padre. Y atemperó su mal humor ante aquellas dichosas manías hipocondriacas que llevaban al onubense a vivir cerca de algún médico u hospital. 

Un día la risa de Zenobia se quebró. Tres días antes Juan Ramón Jiménez había recibido un telegrama en el que le comunicaban la concesión del premio Nobel de Literatura. Ella le necesitaba. El cancer la devoraba por momentos en aquel vientre yermo que siempre quiso albergar vida dentro. Y ahora la suya se quebraba. Fue un amigo ilustre de Puerto Rico quien acudió a recoger el galardón.

El mejor premio de su vida languidecía en la cama de un hospital.

Zenobia. La sonrisa eterna.





sábado, 5 de agosto de 2017

ADIOS, PAZ Y BIEN


Al caer de la tarde, en el silencio del camarín de la Virgen, solo se escuchaba tímidamente la respiración pausada de un fraile que intentaba concentrarse en la oración vespertina.

Paz y bien Señor. Paz y bien. Últimamente ni esas palabras logran apaciguar mi espíritu, padre Francisco. Poco me debes querer.  De un tiempo para acá  no me mandas ayuda de lo alto para librarme de las tentaciones mundanas. Entre la niña esa de fuego que pasea sus ojos verdes a diario por el claustro reclamando  y el genovés tengo la cabeza en mil sitios menos en los rezos.





El franciscano pugnaba por cortar  volar los devaneos de su alocada imaginación mientras a duras penas desgranaba las cuentas de un enorme rosario de madera que colgaba de su cordón de esparto. En vano comenzaba inútilmente cada nuevo Ave María. Cuando llegaba al fruto de tu vientre su mente ya se había enrolado en alta mar a bordo de una impresionante carabela.

Ay Virgen de los milagros. Me tienes que perdonar pero es que es imposible concentrarse. Con estos calores estivales y la emoción del viaje. Ya mañana, 3 de agosto, partimos definitivamente.  Fray Juan parece otro desde que Colón llamó a la puerta. Y cómo venía el pobre almirante, famélico y derrotado  envuelto en aquella rasposa raída. De todos los marineros que por aquí transitan nunca vi uno igual. Su empeño por esa empresa de encontrar nueva ruta a las Indias nos ha envuelto a todos. Suerte tuvo el genovés de topar con Fray Juan otrora confesor de la soberana Isabel. 

Parece que yo iré en la Santa María. Con el almirante. No se quien me mandó ponerme a estudiar lenguas que nadie habla. Mira ahora, embarcado en una empresa de rumbo incierto y desconocido. Yo no sé qué idiomas hablarán las gentes con las que nos topemos. Eso si salimos airosos de semejante lance. ¿Qué nuevas rutas vamos a descubrir una pobre pandilla de necios si ni tan siquiera hemos descubierto los recodos de nuestra alma?

Ay Madre del Cielo. Líbrame de los temores. Líbrame de mí mismo. Y no permitas que nada malo suceda. Mañana partimos Madre. A bordo de tres naos . La mía lleva tu nombre. Adios muros de mi Rábida. Adiós Palos. Adiós luz de Huelva.


viernes, 4 de agosto de 2017

ENAMORADA DEL MAR



.- Enamorada del mar yo nací....tralalaaaaa....tralararíííí
Enamorada del mar y de ti.......tralalaaaaa....tralararííí

Siesta playera interrumpida.

Era una mujer menuda, sombrerito azul con una coqueta flor de tela cosida a un lazo que lo rodeaba. Estaba inusualmente sentada en la orilla pese a que a su edad cualquier otra permanecería dignamente sentada en silla o hamaca. Me acerqué ya desvelado para poder verla mejor y al mirarlos reparé en sus largas y elegantes manos llamativamente joviales.

.-¿ Guapa eh?

Me sobresaltó la irrupción de aquel hombre que vendía bebidas frías a voz en grito en la playa.

.- Ahí donde la ve y aunque zea mu vieja fue la mujé ma guapa de Punta Umbría. La trajo un ingeniero inglé de ezo de la mina. Dicen que zi ella ze metió por medio del matrimonio del. Ze conocieron en León y él ze la trajo a trabajar a Riotinto. Concha era cantante y noz volvía locoz a to con unoz ojoz verdez que quitaban el zentío. Llegaron un verano y fue un acontecimiento para todo el pueblo. Conchita era mu bonica...mucho... En otoño de aquel año llegó un día zu padre. Un viejo mu raro que ziempre andaba con un metro midiendo a todo bisho viviente pa ver cómo tenía que ser el ataúd. Decían que zi había zio enterradó...Eztaba loco. A lo mejor por ezo la pobre Conchi anda azín ahora. Ya no recuerda ni zu nombre....zolo eza canción...Zu marido apareció un día muerto en el mar, flotando como un pezcao...el hombre bebía...no ze zi serían mu felicez.

Mientras el hombre seguía hablando, su incontinencia verbal propició mi dispersión visual revoloteando en busca de historias.

Al lado de la anciana, unos metros a la derecha y casi alineado con la anciana un niño hería la vista de puro blanco. Su lánguido pelo dorado caía inerme sobre un rostro inexpresivo. Reposaba en una silla anatómica. Aquel niño, cuyo cuerpo se contraía de manera involuntaria cada cierto número de segundos, no tenía edad. Sus miembros, retorcidos en un amasijo desordenado, apenas le permitían mantener la carta de naturaleza de ser perteneciente a la especie humana.

.- Ozú cómo está la creatura ¿eh?. Puez zi uzté la llega a ver antez en todavía andaba pior. Eztuvo un año en el hozpital. Gente mu humilde zuz padrez. El tratamiento era mu coztozo. Pero el inglé, el marido de la Concha movió Roma con Santiago pa sacar dinero pal Adrián. Hicieron una campaña pa zacar dinero por intelné. Crofondin me paice que llaman a ezo. Y le zalvaron. Dicen que el inglez era el padre de la creatura pero que nunca hizo mucho por ella. Pero ya zabe uzte zeñó. En loz puebloz decimoz mushaz Cozaz.

Aquel hombre del carrito era realmente inagotable. En su cabeza residía el archivo secreto de todos los habitantes de Punta Umbría. No quise parecer descortés y le dirigí la mejor de mis sonrisas en agradecimiento por el rato de conversación.
Me acerqué a la orilla para dejarme empapar por la travesura de las olas juguetonas.
Y miré los ojos de la anciana, color celeste, juguetones ¡cuánta vía residía en ellos!.
A su lado Adrián languidecía inerte al otro lado de unos ojos cristalinos de pez.

Nuevamente la mujer volvió a cantar aquella canción sobre el mar.
Los ojos del niño brillaron por un instante devolviendo al niño su condición humana. Ojos celestes idénticos al de la cantarina mujer de mente extraviada.

Me alejé rápidamente huyendo de la mirada del vendedor ambulante. No fuera a ser que su mente descubriera también los secretos de mi alma.