viernes, 12 de mayo de 2017

Liándose la manta a la cabeza




Me imagino que lo has tenido que oír más de una vez.

.- Anda que no tienes ganas de liarte la manta a la cabeza. El trabajo, la mujer, los hijos....¿es que no tenías bastante?
Pues mira no. Ya llevaba tiempo bulléndome la idea en la cabeza. Sentía que Dios me lo estaba pidiendo...

.- Oye y los curas no lo ven como una especie de intrusismo profesional?

.- Oye Arsenio que esto de ser Diácono no es un curro aunque da mucho trabajo. No te puedes imaginar mi agenda para la semana entrante. Y te dejo anda que tengo que ir hasta el cementerio para hacer una celebración de la palabra y luego quedé con mi hija.

Mientras  se alejaba por la acera  siguió visualmente su recorrido. Gran tipo este Jose. Servicial, comprensivo, buen compañero. Si lo sabría él tantos años patrullando juntos la carretera. Conocía su entrega en todo lo que hacía. El tesón y empeño que le ponía a cualquier misión que le encomendaran. Sólo una persona especial podría afrontar un reto semejante. Y una mujer como Aurora acompañarle en una decisión que sin duda revolucionaría la vida doméstica. Pero Jose había sido permanente en todo el proceso. Arsenio recordó una frase que su buen amigo le espetó mientras caminaban en aquellos días que hacían juntos el Camino de Santiago con otra tanda de agentes de la Benemérita. Dios no elige a los más preparados amigo, pero prepara a los que elige.