jueves, 18 de mayo de 2017

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO



.- ¿Quiere un poco de agua vuesa merced? No me vaya a confundir aquella venta  que se divisa en lontananza con un molino y la líe a golpes como en la última desventura.

.- No mi buen amigo Sancho que ya hemos entrado en la muy ilustre villa de Toledo y por aquí se acabaron ya los restos campestres. Aquella es una iglesia ¿no alcanzan tus ojos a verla?
.- Si. Ya veo unos pináculos. Una catedral parece. No sabía que hubiera por aquestos lares una sé de tal envergadura. ¿No era de esta ciudad de la que decían que entre antiguas y modernas más de trescientas tabernas y ninguna sacristía?

.- ¡Ay mi buen amigo!. Es este un mal que aqueja a la península entera. Esperemos que en tu ínsula Barataria seáis más dados a los rezos. Poco valoramos las cosas celestes y así nos van los asuntos terrenales. Dios y el César son distintos pero complementarios. Esas Iglesias, hospitales de mercedarios, aquellos pobres que esperan a la puerta del convento, y ese grupo de pequeñuelos que entran a aquel colegio donde les espera un clérigo a la puerta...
.- ¿De donde sacan los dineros para llevar adelante tan y tanta benemérita empresa mi señor D Quijote?.

.- Pues rascándose el bolsillo curioso escudero, ¿podría haber otro modo?. Cada año cuando llega esta época de cantos de estorninos y plácidos paisajes primaverales, llega época de tributar. Parte de los pecunios de los que pagamos un 0.7 por ciento para ser exactos irán a parar a templos, hospitales y escuelas y para alimentar a tanto pobre que puebla las calles.

.- Pues si que da de si la plata del vulgo. Apañada es la continuadora de la obra de Nuestro Señor Jesucristo.

.- Bien lo has dicho noble servidor. Con la Iglesia nos topamos a cada paso. Y que no falte.